Cada día decenas de miles de venezolanos cruzan la frontera con Colombia. Para muchos ese país es el punto de llegada; para otros, la primera parada en un trayecto que puede terminar en distintos lugares de América del Sur. Migran para dejar de sentir los efectos cotidianos de la crisis política y económica que persiste en Venezuela: la escasez de comida, medicamentos y otros productos básicos, y una inflación que reduce a poco y nada los salarios.

Migrantes venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar, sobre el río Táchira, hacia Colombia. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Migrantes venezolanos cruzan el puente Simón Bolívar, sobre el río Táchira, hacia Colombia. Foto: Nicolò Filippo Rosso

De los tres millones de refugiados y migrantes venezolanos en el mundo, la mayoría —2,3 millones— dejó el país en los últimos años, y más de un millón se encuentra en Colombia, según datos de la Organización de las Naciones Unidas.

Rumbo a Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Rumbo a Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso

Dos de los principales puntos de entrada a ese país son la ciudad de Cúcuta y el departamento de La Guajira. Después de cruzar la frontera, los migrantes continúan camino dentro de Colombia. Se han establecido en 24 de sus 32 departamentos, además de en la ciudad de Bogotá, donde viven cerca de 300.000 venezolanos.

Migrantes en la ruta entre Cúcuta y Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Migrantes en la ruta entre Cúcuta y Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso

Aunque el gobierno insiste en que la solución a la crisis venezolana no la puede dar Colombia, por ahora, a diferencia de Perú o Ecuador, ese país no ha impuesto más controles para el ingreso de extranjeros. Por otra parte, allí no se han registrado situaciones graves de violencia xenófoba, como sí existieron en Brasil, otro país limítrofe con Venezuela que ha recibido decenas de miles de migrantes.

Fila para recibir comida gratis en Casa de Paso, una organización benéfica de la Iglesia católica en Villa del Rosario, ciudad fronteriza del área metropolitana de Cúcuta. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Fila para recibir comida gratis en Casa de Paso, una organización benéfica de la Iglesia católica en Villa del Rosario, ciudad fronteriza del área metropolitana de Cúcuta. Foto: Nicolò Filippo Rosso

Hasta hace pocos años era la población colombiana la que cruzaba la frontera, en muchos casos desplazada por el conflicto armado que ya lleva décadas. Pero después de 2013, debido a la creciente crisis económica de Venezuela, los habitantes de este país comenzaron a llegar a localidades colombianas para comprar los productos que en los comercios comenzaban a escasear. Así empezó, pero pronto esas necesidades no se resolvieron con un viaje para abastecerse.

Venezolanos suben un muro que conecta a una trocha entre Colombia y Venezuela. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Venezolanos suben un muro que conecta a una trocha entre Colombia y Venezuela. Foto: Nicolò Filippo Rosso

Fue recién en 2015, cuando el gobierno de Nicolás Maduro dispuso un cierre de fronteras que generó tensiones en la zona, que la población de origen colombiano o con doble nacionalidad de esas regiones comenzó a volver a Colombia, según la revista Semana. Esta situación impulsó un movimiento migratorio que se intensificó en 2016, cuando los pasos fronterizos fueron abiertos. Desde entonces el fenómeno creció, y ya no migran sólo quienes viven cerca de las fronteras.

Refugio organizado por Samarita’n Purse, una ONG estadounidense, en el camino de Cúcuta a Pamplona. Los migrantes demoran hasta una semana en caminar los casi 200 kilómetros sobre los Andes que separan Cúcuta y Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Refugio organizado por Samarita’n Purse, una ONG estadounidense, en el camino de Cúcuta a Pamplona. Los migrantes demoran hasta una semana en caminar los casi 200 kilómetros sobre los Andes que separan Cúcuta y Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso

Para revertir este fenómeno, el gobierno de Maduro implementó el reciente plan Vuelta a la Patria, pero hasta ahora sólo algo más de 9.000 personas decidieron acogerse a él. Algunas regresaron porque no lograron resolver sus dificultades económicas, por problemas de salud o porque fueron víctimas de la violencia y la xenofobia. Pero la mayoría no ha vuelto todavía a Venezuela, sino que se quedó en Colombia, se instaló en otros países o sigue en camino.

Garaje en el camino de Cúcuta a Pamplona. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Garaje en el camino de Cúcuta a Pamplona. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Melany Nicol Aponte, de diez años, en el hospital Erasmo Meoz, de Cúcuta, recibiendo tratamiento por la fiebre del dengue. Debido a la falta de medicinas y de médicos en Venezuela, su madre cruzó la frontera para asegurarle cuidados. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Melany Nicol Aponte, de diez años, en el hospital Erasmo Meoz, de Cúcuta, recibiendo tratamiento por la fiebre del dengue. Debido a la falta de medicinas y de médicos en Venezuela, su madre cruzó la frontera para asegurarle cuidados. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Migrantes cruzan la frontera por un camino de tierra ilegal, a unos pocos kilómetros del puente internacional Simón Bolívar. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Migrantes cruzan la frontera por un camino de tierra ilegal, a unos pocos kilómetros del puente internacional Simón Bolívar. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Migrantes caminan hacia Peaje (a 3.600 metros de altura) en su camino a Bucaramanga desde la ciudad fronteriza de Cúcuta. La mayoría de ellos se dirige a Ecuador, Perú o Chile. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Migrantes caminan hacia Peaje (a 3.600 metros de altura) en su camino a Bucaramanga desde la ciudad fronteriza de Cúcuta. La mayoría de ellos se dirige a Ecuador, Perú o Chile. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Ruta hacia Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso
Ruta hacia Bucaramanga. Foto: Nicolò Filippo Rosso

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