En 1885, el gobierno departamental de Cerro Largo firmó un contrato con dos constructores vascos para la construcción de un par de puentes sobre el arroyo Chuy y sobre el arroyo Conventos. Cuatro años atrás había terminado la Guerra Grande y la producción agropecuaria uruguaya aumentaba, así como el comercio con el sur de Brasil. Era imperioso facilitar el camino hacia Río Branco, y desde allí a los saladeros norteños.

Los vascos se llamaban igual —Juan Etcheverry— porque eran tío y sobrino, y cumplieron sólo con la primera parte del contrato. Si esa falta podría indicar que el primer antecedente de un proyecto de participación público privada fue un fracaso, el legado arquitectónico que dejaron permite afirmar lo contrario: la Posta del Chuy es un complejo singular que no tiene equivalente en la región.

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Lo que impresiona, obviamente, es el macizo puente de 85 metros de largo, construido con piedra sin argamasa, por el que aún pueden circular vehículos livianos, y por el que hasta hace poco circulaban tractores y cargas pesadas, hasta que primó la sensatez y se dispuso la conservación del Monumento Histórico Nacional. Pero, además, está la manga, también hecha de piedra, en la que se reunía la montura. La posta, conviene aclararlo, era el lugar donde las diligencias cambiaban de caballos y pernoctaban los pasajeros. La posada propiamente dicha, también levantada con piedra, aloja hoy el corazón del museo, en los salones tanto destinados a los viajantes más pudientes, con sus habitaciones particulares, como a los más humildes, que compartían un salón común.

Cómo llegar

Hay que tomar la Ruta 26, que une Melo y Río Branco. Si uno parte de Melo, hay que evitar la primera entrada, que aparece en el kilómetro 10, porque es un camino de tierra en mal estado, y tomar la segunda, en el kilómetro 14,5. Si uno llega desde Río Branco, obviamente, deberá proceder al revés. El museo abre todos los días, feriados inclusive, de 9.00 a 19.00.

Hoy la posta es, además de Monumento Histórico, un museo dependiente de la Intendencia de Cerro Largo, con guías especializadas y salas interactivas. No sólo de la historia del complejo se aprende allí sino también sobre cómo se vivía en la época en que funcionaba como posta: hay objetos utilizados por los jinetes, por la gente de campaña, con armas como boleadoras y hasta un sable que perteneció al caudillo blanco Aparicio Saravia. También se recreó una vieja pulpería, aunque hoy ese sector está en reparación.

El Museo Posta del Chuy es visitado por extranjeros y por gente de todo el país. Entre estos, muchos vecinos de Melo, que los fines de semana se arriman a buscar un poco de tranquilidad para matear y conversar. Porque, si faltaba algo, el lugar funciona como cuidado parque.

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