Ilustración: Graça Lima

El semanario Marcha y el Mayo francés

A fines de mayo de 1968, líderes estudiantiles parisinos publicaron un llamado a los estudiantes uruguayos y latinoamericanos a apoyar su lucha. El medio que eligieron fue Marcha, que por entonces se había posicionado como un foro privilegiado de la intelectualidad regional de izquierda. Sin embargo, la cobertura que hizo el semanario de los acontecimientos que ocurrían ese mes en Francia no estuvo libre de dificultades, e incluso, de una polémica entre generaciones. Lo que sigue es el avance de una investigación que lleva adelante la historiadora francesa Camille Gapenne.

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A lo largo de sus cuatro décadas de existencia, Marcha se erigió como el mayor exponente del latinoamericanismo y del antiimperialismo en Uruguay y en buena parte del continente. Se convirtió, además, en un lugar de debate que proporcionaba a sus lectores herramientas para pensar los problemas contemporáneos. Revisar la forma en que el semanario brindaba noticias internacionales en los años 60 permite analizar no sólo una mirada uruguaya sobre hechos ajenos sino también los medios concretos de los que se disponía para acceder a noticias de manera fiable y rápida: Marcha estaba inserta en una red transnacional de circulación de información que conectaba periódicos, corresponsales y agencias de prensa, y que dependía de un complejo sistema tecnológico, que incluía al telégrafo y al avión.

El Mayo francés fue objeto de una profusión de noticias periodísticas y fue omnipresente en los periódicos uruguayos durante mayo y junio de 1968. Fue, sin duda, un “evento mediático”. Marcha publicó muchos artículos sobre la revuelta estudiantil francesa, que llegaban al semanario de diversas formas, bajo modalidades y temporalidades específicas. A su vez, en Francia, mayo fue el momento de una huelga generalizada que duró varias semanas, y que bloqueó parte de estos canales de difusión de la información.

Del Barrio Latino a Montevideo

Marcha presentaba cuatro modalidades de noticias internacionales: el correo de los lectores, los cables de agencias de prensa internacionales, los artículos de corresponsales y las traducciones de artículos publicados en la prensa francesa. Las Cartas de los Lectores servían de plataforma para el debate y la discusión. En la edición del 24 de mayo se publicó en este espacio una carta de los líderes estudiantiles parisinos, llamando a los estudiantes uruguayos y latinoamericanos a apoyar su lucha. La semana siguiente apareció la respuesta de los estudiantes uruguayos de Bellas Artes. La distribución de Marcha en varios países —por esa época se conseguía en París, en la librería de las Ediciones Hispanoamericanas, en La Joie de Lire (Ediciones Maspero) y en la Librería de la Unesco— sin duda permitió que sirviera de lugar de contacto entre estudiantes de ambas orillas del Atlántico. Marcha era conocida en el ámbito estudiantil parisino y fue elegido como un periódico adecuado para entrar en contacto con los estudiantes latinoamericanos. Los militantes estudiantiles eran conscientes de lo internacional de su lucha; buscaron y encontraron canales originales para comunicarse entre ellos y darle publicidad a esta comunicación.

Marcha, como la gran mayoría de los periódicos, recurrió también a las agencias de prensa. Este tipo de noticias generalmente breves y estrictamente informativas ocupaban, sin embargo, un lugar menor que en los diarios, en los que se debía cumplir con la tarea de proveer noticias cotidianamente a los lectores, guiados más por la búsqueda de la eficiencia que por la profundidad del análisis de los hechos de actualidad. A fines de 1966, cuando aparecen por primera vez los nombres de los corresponsales y las agencias de prensa, Marcha recibe noticias de Prensa Latina, la agencia oficial cubana, y de Inter Press Service (IPS), una cooperativa internacional sin fines de lucro, cuyo principal objetivo era la difusión de información acerca de los países del Tercer Mundo.

Antes de esta fecha, se encuentran también artículos procedentes de estas dos agencias. Conviene señalar que no se trata de cables informativos como los que aparecen en los diarios, sino de artículos de opinión firmados por periodistas que se desempeñan dentro de una agencia. En marzo de 1968 aparece en Marcha la Agence France-Presse (AFP), lo que corresponde a la aparición de la sección “Telemundo”, constituida de notas bastante breves y no firmadas. Podemos suponer entonces que los cables de la AFP servían de base para la redacción de esas notas y que la agencia cumplía un rol utilitario de proveedora de noticias. Al contrario, la elección de IPS y Prensa Latina parece responder a criterios más ideológicos (eran pequeñas agencias que no tenían corresponsales en muchos lugares del mundo ni disponían del aparato tecnológico con el que una gran agencia como la AFP podía contar).

Durante el período que nos interesa, la AFP aparece mencionada de manera excepcional. En la publicación del 31 de mayo de 1968, por ejemplo, añaden información de último momento al final de un artículo sobre la situación francesa: la recepción de una transcripción del discurso radiofónico del general Charles de Gaulle y de cables de la AFP acerca de la reacción (transmitida también por radio) de François Mitterand. En el mismo número se publica —en español— el discurso del presidente francés. Es posible imaginar, como ya mencionamos, que los cables de la agencia francesa servían para la redacción de las notas sin firma de “Telemundo”, donde se encuentran (en mayo y junio) noticias sobre los acontecimientos franceses y, de manera más general, sobre los movimientos estudiantiles que estaban estallando en diversos países del mundo.

Marcha disponía, además, de una amplia red de corresponsales; algunos publicaban muy regularmente, como Rogelio García Lupo, que trabajaba desde Buenos Aires. En París contaba con dos uruguayos radicados allí: Luis Campodónico y Sophie Magariños. Campodónico (muerto en 1973, a los 42 años, hermano del escritor Miguel Ángel Campodónico) era antes de todo pianista y compositor, pero se desempeñaba también como escritor y fue periodista para AFP.

Se encuentran menos datos sobre Sophie Magariños, aunque algunas informaciones se pueden extraer de sus colaboraciones en Marcha. Se destaca esencialmente por su compromiso en las cuestiones vinculadas a Medio Oriente y al mundo árabe. A fines de los 50 y principios de los 60 residió en Argelia, desde donde escribió para el semanario varias notas que fueron recopiladas en un pequeño libro: Argelia, el martirio de un pueblo. Participó luego activamente en los debates sobre el conflicto israelí-palestino, desatando varias polémicas en las páginas de Marcha.

Durante mayo encontramos únicamente un artículo de Luis Campodónico, publicado el 17. Más que un análisis de la crisis francesa, se trata de un relato “desde adentro” de los primeros días de las manifestaciones estudiantiles parisinas, que hace hincapié tanto en la espectacular violencia de los jóvenes como de la policía. En los meses de mayo y junio, Sophie Magariños sólo aparece mencionada como intermediario de Marcha para obtener un artículo de Julio Cortázar (“Homenaje a una torre de fuego”), que estaba radicado en París.

En todo caso, la fuente de información predominante sobre el Mayo francés son los artículos traducidos de periódicos franceses. En los nueve números publicados entre el 10 de mayo y el 5 de julio se encuentran 14 notas sobre la crisis francesa, entre las cuales al menos seis son traducciones. Asimismo, el número de los Cuadernos de Marcha dedicado a los estudiantes está compuesto de artículos que proceden en su gran mayoría de periódicos franceses. El más traducido es Le Nouvel Observateur, con nueve artículos, que, como Marcha, era un semanario de izquierda no partidaria, lo que puede explicar por qué se lo tomaba como una fuente privilegiada de información.

A su vez, Marcha contaba con varias vías de acceso a estos periódicos franceses, que confirman el gran interés que Carlos Quijano cultivó por la vida política francesa y la mirada francesa sobre la actualidad (después de todo, se había formado cuatro décadas antes en París). Por un lado, estaba suscripto a diferentes periódicos, como Le Nouvel Observateur, L’Express y Le Monde 20, que le llegaban por correo aéreo. Por otro, Marcha buscaba fuentes de información periodística por medio de los partidos políticos de izquierda que tenían sus propios órganos de prensa: el PSU (Partido Socialista Unificado, creado en 1960 de una escisión con la SFIO) y el Partido Comunista Francés. En julio de 1967, Marcha manda un mismo telegrama a ambos partidos:

Tenemos sumo interés en recibir regularmente los comunicados, boletines, declaraciones, etc., de ese partido. Nos interesarían, muy particularmente, los materiales referentes a problemas internacionales.

Recibe, en los dos casos, una respuesta positiva. Eso explica probablemente que se encuentre en el número de los Cuadernos de Marcha dedicado a los estudiantes la traducción de un artículo de Démocratie Nouvelle, uno de los numerosos periódicos del PCF.

Finalmente, las cartas conservadas en el archivo privado de Carlos Quijano permiten entrever intensos intercambios de material periodístico. Muchas veces, Luis Campodónico y Sophie Magariños adjuntan a sus cartas material de diversa índole: libros, revistas, documentos, recortes de prensa. En otros casos, le hacen llegar material por medio de una tercera persona de viaje en París. Durante los primeros meses de 1968, por ejemplo, Sophie Magariños manda a Carlos Quijano libros por barco, así como más libros, una revista y un artículo suyo por medio de Walter Achugar.

Luis Campodónico envía en diversas ocasiones —además de sus propios artículos— un recorte de Paris-Match, una “nota excepcional” de Le Monde sobre la guerra de Vietnam, así como “una copia de las declaraciones de Emir Rodríguez Monegal sobre Mundo Nuevo”. Proyecta, de hecho, con Hugo Alfaro sistematizar el envío de recortes mediante la realización regular de una revista de prensa.

Así, Marcha hizo uso de muy diversas fuentes para narrar e intentar analizar la crisis que sacudía a Francia, que resultaba difícil de comprender para Quijano y los suyos: quienes componían la redacción del semanario cultivaban, mayoritariamente, una fuerte admiración hacia el presidente De Gaulle, a quien recordaban como “liberador de Francia” tras la ocupación alemana de la Segunda Guerra Mundial y lo tenían por defensor de una “Tercera vía” independiente de las dos potencias de la Guerra Fría, así como por impulsor de la descolonización en Francia.


Llama la atención que en mayo y junio de 1968 escaseen las apariciones de los corresponsales de Marcha radicados en París. Como afirmó Ángel Rama en “La lección intelectual de Marcha”, pocos periódicos podían contar con tantos corresponsales internacionales, una figura en general muy valorizada. ¿Por qué en mayo no se aprovechó más su presencia en Francia, su contacto directo con los acontecimientos y con las realidades políticas y sociales?

Algunas respuestas están en el Fondo Carlos Quijano, conservado en el Archivo General de la Nación. Allí se encuentran los documentos privados guardados por el fundador de Marcha, los papeles acumulados durante una larga vida, reordenados según criterios archivísticos. Abarca desde la década de 1920, cuando ya era activo en la prensa y la política estudiantil, hasta los años 80. Su corta carrera política en el Partido Nacional, su actividad como economista, docente, periodista, así como documentos más personales están allí. Entre ellos, muchísimas cartas, que ahora están ordenadas por años (y algunas también clasificadas por idioma de redacción). En la caja correspondiente a 1968 se encuentran varios documentos que permiten profundizar la comprensión de la construcción de las noticias internacionales en Marcha, ya que abordan cuestiones tanto materiales como editoriales.

Una primera explicación a la presencia marginal de los corresponsales aparece en dos cartas de Sophie Magariños, enviadas el 21 de junio y el 5 de julio. En la primera —una breve nota— empieza explicando:

Debido a la huelga general que, durante un mes entero, mantuvo a Francia aislada de todo contacto con el exterior, no me ha sido posible ni enviar información alguna, ni enterarme de cuáles fueron, respecto de los acontecimientos que son de pública notoriedad, la interpretación y la posición tomadas por Marcha.

En la segunda carta vuelve a justificarse:

Por último, no teniendo yo télex a mi disposición, y habiendo estado sin correo ni ningún otro medio de enviar nada durante más de un mes aquí, no pude sino hasta que se fue Walter, enviar algo por mi parte.

Ambas misivas hacen referencia a la huelga generalizada que paralizó a Francia entre mitad de mayo y mitad de junio, un mes durante el que “el transcurso del tiempo parece haberse inmovilizado” (como escribe Jean-François Sirinelli en Mai 68). De 2.000 huelguistas de Sud-Aviation el 14 de mayo, se llegó a unos siete millones el 22. La huelga tocó todas las regiones y todos los sectores, fueran de la industria o de servicios. El sistema de correo, como se entiende en las cartas de Sophie Magariños, no fue la excepción.

Las noticias sobre las huelgas publicadas diariamente en Le Monde permiten algunas observaciones. El bloqueo casi completo del correo aéreo (hubo excepciones para algunos envíos oficiales y comerciales) parece ser la consecuencia de huelgas en diferentes sectores imprescindibles para su funcionamiento: centros de clasificación postal, transportes, abastecimiento de combustibles, aeropuertos. La interdependencia de todos esos servicios explica lo paulatino de la vuelta al funcionamiento normal del sistema. Las huelgas decrecen a partir de la segunda mitad de junio, pero a ritmos diferentes según los sectores y los lugares, trancando así todo el proceso de distribución del correo. Si el servicio parece haber vuelto a funcionar el 8 de junio, “queda subordinado al restablecimiento de los medios de transporte ferroviarios y aéreos”, decía Le Monde el 8 de junio. Además, el 10, centros de clasificación postal parisinos que habían vuelto a funcionar se proclamaron nuevamente en huelga. A eso se tiene que agregar la necesidad de gestionar todo lo atrasado y el establecimiento de un orden de prioridades, privilegiando el correo más reciente.

Si Sophie Magariños no pudo mandar artículos ni recibir los nuevos números de Marcha, significa muy probablemente que tampoco Carlos Quijano pudo durante este período recibir la prensa francesa. En el semanario se encuentran dos traducciones —publicadas el 17 y el 24 de mayo—, ambas procedentes de Le Nouvel Observateur del 8 del mismo mes, seguramente el último recibido antes de que se generalizara la huelga. No se encuentran más traducciones durante las semanas siguientes, sino artículos no firmados, quizás escritos desde Uruguay a partir de los cables de la AFP, o de otra fuente de información que no es posible identificar.

Es en la edición del 28 de junio que reaparece una traducción, así como el artículo de Julio Cortázar enviado desde París. Queda claro que la huelga en Francia provocó un corte de ciertos canales de difusión de la información, que obligó a Marcha a buscar su material por otras vías y explica la ausencia de artículos de los dos corresponsales (y de traducciones).

Las cartas enviadas por Luis Campodónico y Sophie Magariños cuando vuelve a funcionar el servicio de correo aéreo muestran, sin embargo, que ambos, viviendo los acontecimientos parisinos de cerca, habían trabajado activamente para proveer a Marcha de artículos y material. Campodónico, en su carta del 22 de junio, menciona el envío en adjunto de un artículo en el que “trata algunos de los puntos más relevantes del asunto”. Propone, además, a partir de todo el material recabado, realizar otro artículo desarrollado, a fin de “presentar los hechos y ofrecer una interpretación responsable y plausible”. Sugiere una división en cuatro secciones: hechos, interpretación, crónicas (relato similar a lo que se encuentra en su artículo publicado el 17 de mayo) y documentos.

Algo similar aparece en la larga carta que Sophie Magariños envía el 5 de julio. Como ya mencionamos, manda un artículo por medio del distribuidor cinematográfico Walter Achugar, hermano del docente Hugo Achugar, que se desempeñaba como crítico literario en Marcha por invitación de Ángel Rama (María Díaz, esposa de Hugo, era la secretaria de Quijano). Magariños refiere al envío adjunto de documentos y de notas, cuya tercera parte son comentarios acerca de una “Comisión de investigación” encabezada por la Unión Nacional de estudiantes de Francia (UNEF) y el Sindicato de Profesores de Enseñanza Superior (SNE-SUP), compuesta de periodistas, médicos, abogados y académicos, que buscan reunir testimonios sobre la represión policial, y en particular sobre la violencia, sufridas por personas que no participaban en las manifestaciones y por personas detenidas en las comisarías. El proyecto final era la publicación de un “libro negro” (finalmente editado como Le livre noir des journées de mai), que Magariños propone mandar a Carlos Quijano, así como otras notas, documentación y un artículo sobre los hechos parisinos.

Sin embargo, en las páginas de Marcha no se encuentra ninguno de los artículos mandados o propuestos. Una primera explicación posible es la aparición de nuevas noticias internacionales que merecen más atención que el Mayo francés, que, ya en julio, parece haber terminado, resuelto por elecciones anticipadas que marcaron la victoria del gaullismo. En particular, la invasión de Checoslovaquia por la Unión Soviética es objeto de largos análisis a partir del 26 de julio. Pero se publica también, a lo largo de cuatro ediciones, un extenso relato de Carlos Fuentes, que se incluyó también en el número de los Cuadernos. Se puede imaginar, entonces, que Marcha privilegió la firma del eminente intelectual mexicano, una de esas colaboraciones prestigiosas que hicieron también la excepcionalidad del semanario.

Esas explicaciones pueden ser satisfactorias en el caso de Luis Campodónico, ya que fue publicado a mediados de mayo y comparte visiblemente la misma posición favorable a De Gaulle que Carlos Quijano, insertándose sin dificultad en la línea editorial de Marcha acerca de los acontecimientos franceses. Dirá, por ejemplo, en una carta privada a Quijano:

¡Pobre De Gaulle! Y mucho más pobre de lo que Ud. piensa, porque nació para conducir un país que no está hecho para ir donde él quisiera, y maneja gente que carece de la necesaria altura.

Para él, los errores cometidos no fueron culpa del presidente francés, sino de su entorno, incapaz de evitar, y después de contener, esta “revolución frustrada”.

El caso de Sophie Magariños parece más complejo. En la primera nota que manda el 21 de junio expresa su desacuerdo y su incomprensión respecto de la línea seguida por Marcha:

Lamento el manifestar mi desacuerdo con el contenido de las notas y comentarios publicados —firmados o no—, considerando que configuran una visión general de los hechos que juzgo errónea y, sobre todo, en desacuerdo con la línea tradicional de Marcha.

Termina su nota con un elogio del Mayo francés que “movilizó a muchos millones de personas en una auténtica revolución cultural que estremeció la base misma de la estructura social de Francia” y reprocha a Marcha haber sólo dado cuenta de las “reacciones oficiales” que, “como era previsible, tendieron a desfigurar, desvirtuar y minimizar el verdadero alcance y la magnitud de lo sucedido”. Para que se dé a conocer su descontento, reclama que se publique su nota, lo que nunca fue hecho. En su segunda carta, vuelve a desarrollar su crítica. Acusa, además, a Marcha de no haber estado “correctamente informada” y de no haber tomado la distancia necesaria para analizar los hechos. Más abajo, expresa su desacuerdo con el artículo de Luis Campodónico, poniendo en duda su objetividad, dado su trabajo de periodista para la AFP, agencia estrechamente vinculada al Estado francés (al punto que la apoda la “pequeña TASS”, en referencia a la agencia estatal soviética).

Más allá de un desacuerdo sobre la interpretación del Mayo francés, Magariños sobreentiende entonces que los periodistas de Marcha no hicieron bien su trabajo. Como medida simbólica, pide que se saque su nombre de la lista de los corresponsales, lo que tampoco fue hecho. Sin sacar demasiadas conclusiones, estas observaciones permiten matizar la imagen de Marcha como ágora ideal y sugiere la existencia de una línea editorial dictada por Quijano y de prácticas profesionales que no dejaban mucho lugar a las críticas más severas.


Otras cartas de 1968 escritas por Sophie Magariños y Luis Campodónico permiten pensar que el papel de los corresponsales no era el de meros periodistas al extranjero, sino que cumplían también con otras tareas y formaban parte de una red de contactos que a Marcha le era útil.

Sophie Magariños parece ser quien se encargaba de la gestión de la difusión de Marcha en París, tarea que cumplía con mucho celo. Un aumento de las tarifas del correo aéreo dio lugar a una larga carta sobre la venta y distribución de Marcha, enviada el 30 de marzo. Muestra su conocimiento de los lugares de distribución, del público y de sus prácticas de lectura. Según ella, la mayoría de sus lectores son estudiantes “que la compran de a varios para leerla por turno”, por lo que un aumento del precio de la revista sería perjudicial para las ventas. Como parte de estas negociaciones, además, comenta bastante detalladamente un arreglo poco oficial con un miembro de Air France, por medio de un conocido que trabaja en un ministerio, para que lleven por avión los números de Marcha como cortesía. Para lo que es de los Cuadernos de Marcha, también distribuidos en París, se decide mantener un precio accesible, y que se envíen por barco y no por avión. Se encarga también de la difusión de Marcha en Ginebra, gracias a su contacto con el dueño de la librería del Palacio de las Naciones Unidas. A raíz de sus relaciones en el ámbito del periodismo parisino, asume además la publicidad de Marcha. Por ejemplo, negoció con Le Nouvel Observateur la publicación de “una buena nota en uno de estos próximos números” sobre la revista montevideana.

Campodónico, por su parte, permitía a Marcha tener un vínculo con la AFP, una de las principales agencias de prensa internacionales y, de hecho, no dudaba en usar su posición dentro de la agencia para facilitar arreglos entre ella y Marcha. En su carta del 22 de junio, por ejemplo, sugiere a Carlos Quijano que se incluyan en los Cuadernos de Marcha “algunas fotos (excepcionales) gracias a los servicios de suscripción a la AFP”. A principios de año, ayuda a Marcha a tramitar una suscripción detenida desde noviembre de 1967, yendo hasta a firmar una carta al nombre de Hugo Alfaro para llegar más eficientemente a la Dirección General de la agencia. En una carta escrita en abril comenta su proyecto de negociar con Daniel Sire, nuevo director de la AFP en Montevideo, para “convencerlo de que retome, de tanto en tanto, publicaciones de Marcha y nos las envíe, para que nosotros las difundamos en todo el continente”.


Más allá de la línea editorial, de las prácticas periodísticas definidas por Marcha y de los canales de difusión establecidos, el caso del Mayo francés permite poner de relieve hechos coyunturales que también condicionaron la construcción de las noticias, como la huelga que impidió al semanario recibir artículos de sus corresponsales y de la prensa francesa. Además, esa escasa presencia de los corresponsales durante la crisis francesa también lleva a suponer la existencia de tensiones internas en cuanto a la línea editorial dictada por Carlos Quijano, de una cierta relación de fuerza respecto de la autoridad del eminente director. En todo caso, queda claro que los corresponsales internacionales oficiaban como periodistas pero también como elementos clave de una red de contactos que unía las dos orillas del Atlántico. El juego de cambios de focos entre las circulaciones transatlánticas y las microrrealidades concretas y puntuales que enfrenta un periódico nos ayuda a entender cómo se construyen las noticias y se propone una cierta mirada sobre el mundo.

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