En el extremo norte de Maldonado, donde el departamento limita con Rocha y Lavalleja, está el parque municipal Grutas de Salamanca, enclavado en las sierras de Sosa de la cuchilla Grande, que forma parte de la reserva de biósfera Bañados del Este, un lugar lleno de misterios y leyendas con gran patrimonio geológico, arqueológico, espeleológico y de biodiversidad.

El viaje entre las serranías de Aiguá es un disfrute, y explorar los caminos y rincones del cerro siguiendo las consignas de la entrada –“respira”, “escucha” y “contempla”– puede sumergirnos en otros mundos. La aventura comienza ya en las escalinatas hacia el parador: un camino agreste bien delimitado, de fácil acceso y con escalones de adoquín en las partes necesarias nos introduce en el tupido monte.

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Al caminar por el entubado natural reconocemos muchas especies autóctonas de nuestra flora; algunos carteles gastados identifican al curupí, el chalchal, el coronilla y el sombra de toro. Llaman la atención además las palmeras butiaceras, que resaltan por su porte.

Transitar los 200 metros que tiene el pasadizo hasta llegar a la primera gruta con tiempo y calma es dejarse llevar por los sentidos. Adentro no hay perspectiva del cerro; sólo vemos con cercanía la naturaleza, que en ese microclima explota de vida y color. Tranquilamente podemos estar horas observando el entorno, jugando a identificar formas en los árboles, viendo los rayos de sol que se cuelan entre las ramas e iluminan la variedad de helechos que tapizan el suelo y deleitándonos con los verdes del musgo húmedo o con la infinidad de tonalidades de los líquenes que colorean los troncos y las piedras.

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Cada tanto, un balcón natural nos ubica en altura y nos muestra el llano de los campos que rodean este cerro, no sólo similar en su perfil al Arequita, sino de igual origen volcánico; millones de años de erosión, agua, cambios de temperatura y desplomes han provocado grandes formaciones y un sinfín de grietas y pequeñas cuevas en las rocas de los alrededores.

Una flecha a la derecha indica el desvío a la primera gruta; hay que subir algunos metros por un camino estrecho de leve dificultad. “La escondida”, como se la denomina, llama la atención por tener un gran techo de piedra que nos lleva a imaginarnos la posibilidad de que el lugar haya sido el cobijo de indígenas o nativos; que ahora refugia a animales se confirma, pues lo primero que encontramos al llegar es una yarará que descansa sobre una piedra. Esta víbora es una de las cuatro especies ponzoñosas de Uruguay, así que hay que mantener la distancia apropiada para no molestarla. El suelo allí tiene la particularidad de ser de tierra suelta muy seca, lo que hace que las huellas de los visitantes se formen con facilidad, como en las imágenes de la llegada del hombre a la luna.

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Al volver al sendero, y luego de pasar una piedra gigante, se vislumbra la caverna principal. Bautizada como “El salón” o “La cueva de Lemos”, es una de las más grandes del país e impresiona desde todo punto de vista. Tiene aproximadamente 30 metros de boca y similar distancia de profundidad; el techo se ubica a unos cuatro o cinco metros, aunque hay grietas más altas, y todo invita a explorarla y dejarse llevar por la curiosidad.

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En el centro de la cueva, dos piedras son sutilmente iluminadas por una ventana natural que se abre a lo largo y por la que caen gotas que forman un hilo de agua en el suelo. Percibimos cómo desciende la temperatura a medida que nos adentramos en la oscuridad, y crece, por otro lado, el fuerte olor a guano; es que en este sitio se encuentra la mayor colonia de murciélagos vampiro del país, y si mantenemos silencio escuchamos sus chillidos y revoloteos. Son animales protegidos e inofensivos, que contribuyen a la polinización y a regular la población de insectos, pero hay que tener cuidado con sus desechos porque albergan hongos cuyas esporas pueden causar problemas respiratorios.

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Con ayuda de linternas podemos observar formaciones minerales en las rocas de las paredes y el techo, y los valientes pueden explorar los diferentes espacios escondidos de la gruta, llamados “La secreta”, “La iglesia” y “El cuarto de Lemos”. Según cuentan los lugareños, a finales del siglo XIX, el matrero Gregorio Lemos y sus secuaces asaltaban estancias de la zona y se refugiaban en las grutas, donde, según dicen, continúa enterrado su motín. El término salamanca, por su parte, proviene del guaraní salamanac, que significa 'lugar del rito oculto', por lo que se asocia a este animal a la práctica de ceremonias indígenas y paganas.

Al salir, recibimos nuevamente los rayos del sol y atravesamos el césped natural del jardín de la caverna para subir el tramo que resta hasta llegar a la cima. El recorrido no implica demasiado esfuerzo y está correctamente señalizado, y la vista del paisaje desde 200 metros de altura realmente vale la pena.

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El complejo turístico Parque Grutas de Salamanca se encuentra actualmente adecuando sus instalaciones, lo que finalizará en setiembre u octubre; el parador está siendo reformado y se está construyendo una administración y más cabañas para recibir a grupos numerosos. La concesión del establecimiento fue adjudicada por licitación a Pasaporte Aventura hasta el año 2026. Las cabañas tienen heladera, calefón, estufa a leña y parrillero propio, y en verano se habilita la piscina. Hay estacionamiento y un espacio con juegos para niños. La zona de camping se ubica en la falda del cerro y no es muy extensa, pero cuenta con baños, duchas, agua caliente, luz, agua y parrillero.

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Desde hace cuatro años, la empresa ofrece la opción de realizar actividades como escalada y rápel por una pared vertical de 30 metros, canotaje en el tajamar y senderismo, que incluye guías que hablan de flora, fauna y geología y un recorrido por distintas cuevas que requiere equipamiento especial y acompañamiento de expertos.

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En el complejo, además, funciona la escuela de espeleología Livio Incatasciato, promovida por el Centro Espeleológico Uruguayo Mario Isola (CEUMI) y la Intendencia de Maldonado con el objetivo de explorar, investigar y promover el uso recreativo de los espacios subterráneos.

La portera de Grutas de Salamanca está abierta todos los días y no se cobra entrada. Es una buena opción para disfrutar de la naturaleza y sus riquezas con el grado de aventura que prefiera el consumidor. Aunque es un paseo que se puede realizar durante todo el año, las mejores estaciones para hacerlo son otoño y primavera. Hay que ir preparados porque no hay almacén, y además llevar ropa cómoda y calzado cerrado y adecuado para el terreno, que se torna resbaladizo. Es importante no olvidar llevar agua e hidratarse durante las caminatas, así como evitar meter la mano a ciegas en cuevas, nidos o bajo las piedras, y estar alertas al suelo por si tenemos un encuentro incómodo; en general en la zona baja hay poca o nula señal de celular.

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Un cartel a la salida afirma que “no es más que un hasta luego, no es más que un adiós”, y tras pasar un tiempo, una quiere que sea así. Las mañanas en el monte tienen magia.

Cómo llegar

El acceso al parque está en la ruta 13, a 12 kilómetros de la localidad de Aiguá. Hay una entrada en el kilómetro 185 y otra en el 188; en ambas hay carteles. Son caminos vecinales de tierra, de 9 y 7 kilómetros respectivamente, en buenas condiciones y con una atractiva vista a la cadena de sierras.

Desde Montevideo el recorrido total es de 190 kilómetros. Se toma la ruta 8, que pasa por Minas, y luego el empalme hacia la ruta 13. Viajando desde Punta del Este la distancia es de 120 kilómetros y se debe tomar la ruta 39 hacia San Carlos y continuar hasta Aiguá, para así empalmar con la ruta 13 hacia el este. Desde la zona de Rocha se accede por la panorámica ruta 109.

En caso de no contar con vehículo, la línea de ómnibus que pasa por la ruta 13 es Empresa Chago, con el recorrido Montevideo–Chuy, y se puede coordinar previamente la recogida en auto desde la entrada (por una pequeña suma).

Se pueden contactar a través de la web –www.pasaporteaventura.uy–, mediante las redes Instagram –pasaporte.aventura– y Facebook –Pasaporte Aventura Recreación– o a los teléfonos 095 353 035 y 099 974 977.

Fotos: Fernando Morán.