Foto: Lonely Lingerie.

La modelo talle normal

Naomi Shimada es una de las activistas que puso en cuestión varias premisas acerca de la figura de las modelos. En su carrera se cruza la demanda de diversidad en la representación de los cuerpos y la necesidad de vivir con alegría la actividad profesional.

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Mientras engullía un plato de espaguetis junto a su madre, la joven Naomi fue abordada por un cazatalentos. Su belleza tenía un condimento particular. Como en las películas, en la ficción o en la literatura, en aquel contexto ajeno, en esa calurosa Marbella y con unos suculentos fideos con salsa mediante, alguien le sugirió ser modelo. Que su luz brillaba distinta a las demás, que tenía algo especial. Naomi portaba 13 primaveras y las demandas de la moda harían mella en su cuerpo. Querían que fuera delgada y elegante, luego que fuera sexy y curvilínea, querían esto y luego lo otro. Querían y le exigían cosas. Querían. Los demás. Ella, no. A medida que fue creciendo, su cuerpo comenzó a cambiar. Su cabeza, también.

Con raíces holandesas, japonesas e inglesas, Shimada se autoproclama “ciudadana global”. Creció entre Tokio y Andalucía, para después recalar en Londres y Nueva York. Su familia se mudó de Japón a España cuando ella tenía 11 años y, lo dicho, fue allí cuando la reclutaron. “A medida que iba creciendo, mi cuerpo no se quedaba en la misma medida, ¡porque eso no es lo que le sucede a la gente!”, dijo. Naomi fue alentada a que dejara de comer. A cerrar su boca. A que el molde de sus pliegues se conformara por la representación de un canon estético estricto. De sus labios: “Estaba reprimiendo mi alma como ser humano, me sentía muy oscura, nada de eso me hacía sentir viva”.

Quiso hacer dieta, se propuso ejercitarse. Negar su cuerpo fue el primero de los estigmas que cayeron violentamente sobre sus espaldas. Se sabe y no se obvia: en el mundo de la moda, la dieta es el principal tema de conversación. “Te odiás todo el tiempo”, confesó Naomi al diario británico The Guardian. “No podés desayunar, comer tocino y reír”, siguió. Tras las presiones y la constante mirada ajena, se convirtió en una “modelo regular”, en una mujer que escapa a los rígidos estándares de la alta costura para convivir con un cuerpo promedio. Naomi Shimada es hoy una de las modelos normal style más importantes del planeta. No quería que todo eso tomara el control de su vida. Ella quería participar de ese universo sin volverlo un tormento. Ser auténtica. Ser ella.

Obviamente, las dudas comenzaron a carcomerla. En un momento, no aguantó y metió un freno de mano. Se tomó un descanso, se dedicó a estudiar y hasta pensó en volcarse a otra cosa. Sin embargo, más tarde, intempestivamente, a sus 22 años, volvió al modelaje. Y, para ese entonces, su cuerpo ya no fue un impedimento sino todo lo contrario: fue su principal virtud. La belleza de Naomi Shimada es una belleza auténtica: tetas grandes, caderas grandes, culo grande. Como había pocas mujeres que modelaban bajo esos estándares, Naomi comenzó a tomar cada vez más protagonismo. “Crecí en la cultura hip-hop y eso es lo que todos queríamos ser”, se sincera. Tras abrazar aquella idea por completo, el show business comenzó a ponderarla.

Con el tiempo, Shimada se erigió como una referente: se convirtió en una activista que destraba ideas. Llena de energía y juventud, fue una de las impulsoras de la discusión de los talles, de no transar con la diversidad simbólica, de cómo la moda impacta en el devenir de los cuerpos y de exigir que todo esto sea un compromiso inclusivo. No quiere que esta moda sea “una moda”. ¿Por qué? Porque, también se sabe, en las tiendas, en los shoppings, donde sea, se adquiere lo que hay, no lo que se necesita: los cuerpos reales –cortos, anchos, con grasita, con bordes que sobresalen, con redondeces, bellos, disímiles entre sí– derivan en percheros de modistas que sueñan con cuerpos largos y espigados.

Ahora Naomi tiene 30 años, una sonrisa espléndida y más de una certeza. De paso, tal como atestigua en su cuenta de Instagram (@naomishimada, en la que ostenta 65.000 seguidores, amistades, parientes y un reflejo impoluto del hipsterismo globalizado), se la pasa viajando por el globo de campaña en campaña. La prestigiosa revista norteamericana Vogue la nombró como una de las referentes del “estilo callejero” a tener en cuenta. A la sazón, en noviembre de 2017 visitó la República Argentina para filmar un comercial internacional. “No puedo dar detalles, pero rodamos con varias actrices de Hollywood”, comentó Naomi. “Los argentinos son muy aburridos, todos se visten como chetos”, bromeó.

En estos años, también combatió la idea del plus size: le exigían engordar más, rellenarse más. “Se suponía que estábamos redefiniendo la belleza, ¿no?”. Por eso, representa y entroniza un ideal de “belleza normal”: su cuerpo, sus reglas. “Ahora las cosas están cambiando”.

Mientras tanto, trabaja para las marcas más prestigiosas del universo y gana dinero por mostrarse tal cual es. La diversidad de los cuerpos es el principal nudo de esta cuestión. No obstante, advierte: “No se trata de odiar a las chicas delgadas, siempre se trató de que haya más variedad, de no dejar a nadie afuera”. Sin dramatizar y con un activismo amigable, Naomi glorifica la normalidad y representa ni más ni menos que el tamaño promedio de la mayoría de las chicas de la cultura occidental.

—Tenés ascendencia japonesa, viviste muchos años en España, otros en Estados Unidos y ahora residís en Londres. Una mezcla de culturas muy grande. ¿Por qué Gran Bretaña?

—Nací en Japón y viví allá hasta los 12, y después me mudé a España y viví ahí mucho tiempo; por eso creen que soy española, y me siento un poco española también. Mi mamá es una mezcla de holandesa, canadiense e irlandesa. Antes alternaba entre Nueva York y Londres, pero ahora estoy viviendo en Londres porque estoy haciendo un trabajo un poco más serio: estoy escribiendo un libro y haciendo documentales.

—¿Cuál creés que fue el cambio principal de la figura femenina desde tus jóvenes 13 años hasta ahora?

—Creo que cuando empecé no había espacio para cuerpos diferentes, y hace aproximadamente siete años empezó esto del modelaje plus size: los cuerpos más normales, más comunes, más que modelos súper delgadas de talla cero, al lado de las cuales todo es plus size. Básicamente en la industria de la moda si comés ya no sos talla cero.

—Hablemos de la ley de talles. ¿Pensás que debería haber una ley que contemple la fabricación de talles para otros cuerpos? ¿Por qué cuesta encontrar ropa para personas que no son extremadamente flacas?

—Eso es lo que pasa cuando cortan los moldes dos talles menos al que corresponde, y lamentablemente es un problema que ocurre a nivel mundial.

—Cuando uno imagina el mundo del modelaje se advierte mucha frialdad, ¿cómo es realmente desde adentro?

—Como en cualquier trabajo, encontrás cosas positivas y negativas. Por el momento, me enfoco en lo positivo. Me toca estar de este lado y todas las cosas que quería que me pasaran, suceden de una manera divertida.

—A Kate Moss la frenaron en el Aeropuerto Internacional John F Kennedy, a Gisele Bündchen la vieron comiendo una hamburguesa, a Sofía Vergara la descubrieron caminando por la playa, a Claudia Schiffer la detectaron bailando en una discoteca. ¿Cuál es tu origen en el mundo de la moda?

—Me encontraron en un restaurante con mi madre. Estábamos comiendo espagueti en Marbella, en España, y un agente me vio y se acercó. Empezó a preguntar por mi edad, decía que quería contratarme para trabajar en París y preguntaba por mis vacaciones escolares. Es muy normal en el mundo del modelaje que se busquen chicas desde muy temprana edad.

—¿Cómo ves la moda de los argentinos?

—¡Son muy serios! En Londres la moda es muy individual, eso es lo que nos gusta, pero en Argentina es todo muy cheto. En Palermo son todos iguales, hasta tienen el mismo corte de pelo. Es como si fueran todos jugadores de polo: se visten de negro, y todos andan muy parecidos. La moda es para divertirse y expresarse uno mismo. Ese es el poder de la moda: poder vestirte e interpretar el personaje que quieras ser.

—Hay una modelo que viene hablando de este lugar más normal dentro de la moda, que es Ashley Graham. Ella colaboró para que se hable acerca de los talles y del plus size. ¿Qué opinás de ella?

—Es una de las primeras modelos visibles de estos cambios. Ella fue tapa de Sports Illustrated, que es algo muy importante para cualquier modelo, y fue la primera “modelo normal” en aparecer en Sports Illustrated, no como las modelos súper delgadas que suelen aparecer en la tapa. Y después vino el calendario anual de Pirelli. Son trabajos en los que antes no nos daban lugar y hace aproximadamente dos años nos abrieron las puertas. Espero que continúe y no sea una moda de internet, que dure muy poco o que se convierta en una nota de color para un diario.

—¿Qué proyectás para tu futuro profesional?

—Primero, terminar mi libro y el documental que estoy haciendo acerca de la comunidad japonesa en Brasil. En mi primera agencia de modelaje en Japón había un montón de chicas japonesas-brasileñas; fue la primera vez que vi mujeres que se veían como yo, y me fascinó tanto que hace poco me fui un mes sola a San Pablo para hacer la investigación y me encontré con un montón de gente de la comunidad japonesa. Por ejemplo, en el equipo olímpico de ping-pong son todas chicas japonesas. También hablé con arquitectos, artistas, modelos, y me fascina esta unión de culturas tan diferentes. Los japoneses comenzaron a venir a Brasil en 1907, así que ya es como la cuarta o quinta generación de japoneses viviendo en Brasil, y es súper interesante ver cómo algunos todavía son muy japoneses o ya son más brasileños. Y ahora, con todas estas noticias negativas acerca de la crisis de inmigrantes y refugiados en Europa, lo que quiero hacer es contar historias de inmigración positivas.

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