¿Qué camino hay entre la apacible “Annie’s Song”, de John Denver, y las violentas versiones que le hicieron las hinchadas rioplatenses? Lo investiga Manuel Soriano, argentino radicado en Uruguay desde 2005, que ganó en 2015 el premio Clarín de novela con ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic? Hace unos cuantos meses, Soriano comenzó a publicar en distintos medios y redes su “historia incompleta de las canciones de cancha”, que reunirá en un libro provisoriamente titulado Canten, putos.

En un comentario del video de “Annie’s Song”, en Youtube, el usuario David Hays dice: “Desde que murió mi mujer, hace tres años, mi teléfono celular suena con esta canción”. No explica la relación entre un hecho y el otro. El comentario tiene nueve respuestas, todas bendiciones y condolencias. Este patrón se repite en la mayoría de los 3.600 comentarios que tiene el video: alguien le dedica la canción a una persona muerta, dice que la sigue amando, que esa persona sigue viva en su corazón. Le responden: “No te preocupes, pronto se van a encontrar en el cielo”. “Yo también perdí a alguien querido”, dice otro, y recibe sus propias respuestas de apoyo. Y así, sucesivamente, las condolencias se van propagando en una pirámide de compasión y empatía que me hace pensar en Amway y en las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Una mujer dice que cantaban la canción en el coro de la iglesia y que siempre los contrataban para los servicios fúnebres.

Un porcentaje bastante menor de los comentaristas dedica la canción a personas vivas. Muchos la cantaron cuando se comprometieron, o en la boda, o en alguna fiesta de aniversario. Pero hasta en las dedicatorias más románticas aparecen menciones a Dios y palabras como sagrado, milagroso o eterno. El usuario Schenker V dice: “Una canción tan maravillosamente heterosexual. Un regalo de Dios”. No sé exactamente qué, pero hay algo en la melodía o en la letra, o en la comunión de ambas, que logra tocar el clítoris cristiano.

Hasta el propio autor (lo podemos ver en la tapa del disco, que sirve como imagen de fondo en el video) parece un monaguillo, o uno de esos asesinos seriales que parecen monaguillos.

Pero John Denver no estaba pensando en Dios cuando compuso esta canción: estaba pensando en su esposa y en cómo recuperar su amor. Cuenta Denver que estaba esquiando en Aspen, y mientras subía en una aerosilla se sintió apabullado por los colores y sonidos del lugar; la belleza profunda de la montaña lo hizo sentirse pequeño, y por un segundo pudo valorar lo que realmente importaba en la vida. Entonces compuso esta canción como una oda para su esposa, Annie. Antes de llegar a la cima ya tenía la melodía y la letra que ahora transcribo parcialmente en español.

Tú llenas mis sentidos / como una noche en el bosque. / Como las montañas en primavera, / como un paseo bajo la lluvia./ Como una tormenta en el desierto, / como un soñoliento océano azul. / Tú llenas mis sentidos, / ven y lléname otra vez.

Como muchas canciones de amor, la letra sigue una fórmula. Dice que X llena sus sentidos, y después compara esto con una serie de cosas supuestamente maravillosas que también llenan sus sentidos. Este mismo procedimiento siguieron los hinchas de Sheffield United, de Inglaterra, en su cántico “The Greasy Chip Butty Song”. El lugar de la persona amada lo ocupa el club de fútbol, y las maravillas con las que se lo compara son cervezas, cigarrillos y hamburguesas grasientas. Esta composición está en el puesto número tres de un ranking de los mejores cánticos del fútbol inglés. La vida de John Denver no fue en vano (murió en un accidente de avión, pero de eso voy a hablar más adelante), dice el que hizo el ranking. Y es cierto, el cántico suena muy bien, tiene la carga emotiva de un himno, pero también es cierto que el letrista no hizo más que seguir una fórmula, como ya lo habían hecho cientos de personas en Youtube para homenajear a sus seres queridos vivos o muertos. Y lo mismo hicieron los otros clubes ingleses que adaptaron la canción, y el Saint Helens Rugby Football Club, y el club chino Chengdu Blades (hablan de salsa de soja y fideos aceitosos al huevo).

Es más difícil, en cambio, explicar el video subido por el usuario Allboyslocuraweb, cuyo título es “Yo no soy de Chicago / yo no soy vigilante”. Se pueden ver hinchas de All Boys en una esquina, que tiran cuetes, muestran unos pedazos de cartón recortados y coloreados como para que parezcan ataúdes de Nueva Chicago, agitan estas manualidades por encima de sus cabezas y cantan:

Yo que nací en Floresta, en Floresta moriré. / Yo quiero ir a las Malvinas a matar un inglés. / Yo no soy de Chicago, yo no soy vigilante./ Porque tengo aguante, yo soy hincha de All Boys.

Si se pone “no soy vigilante” en el buscador de Youtube, primero aparece un video de “El vigilante del Universo Marvel”, y después las adaptaciones de “Annie’s Song” de River, Talleres, Olimpia de Paraguay, Central Córdoba, Nacional y Unión de Santa Fe. Las versiones pueden tener algunos cambios, pero en casi todas se repite la siguiente consigna: “Yo no soy de X, yo no soy vigilante. / Yo soy hincha de Y, porque tenemo’ aguante”. Vigilante significa “alcahuete”, “cagón”, “policía”; tener aguante significa todo lo contrario. Uno y otro funcionan como antónimos, representan al equipo rival y al propio, y además riman de manera consonante.

Se podría escribir mucho sobre la “cultura del aguante”, pero ese no es el objetivo de esta crónica. Lo que acá me interesa es saber cómo se llegó de la epifanía de John Denver en una aerosilla de Aspen a las hinchadas argentinas; cómo se llegó, por ejemplo, del “tú llenas mis sentidos” que le canta Denver a su esposa al “yo no soy raza puta” que le canta Unión a Colón de Santa Fe.

Nació como Henry John Deutschendorf hijo en 1943. Era tímido y solitario, y pasó su infancia mudándose de pueblo en pueblo (su padre era piloto de las Fuerza Aérea). A los 11 años le regalaron una guitarra acústica y su vida cambió. A los 20 se fue a vivir a Los Ángeles para ser cantante. Entonces pasó a llamarse John Denver; necesitaba un nombre más corto, menos alemán y más acorde a las baladas folk que ya había empezado a componer. La verdadera fama le llegó recién en la década de 1970: “Country Roads” y “Rocky Mountain High” llegaron al número uno en las radios, vendió 35 millones de discos, le cantaba al amor y a la naturaleza, se mudó a Aspen con su esposa Annie y adoptaron dos niños, era ambientalista, pacifista —un híbrido perfecto entre Lennon y Flanders—, cantaba en los especiales de Navidad y filmó dos películas con los Muppets y una llamada Oh, God! en la que conoce a Dios.

En 1973 compuso “Annie’s Song”. Dice Annie Martell: “Con John habíamos pasado momentos difíciles, pero las cosas estaban mejorando. Un día volvió de esquiar y la escribió: inicialmente era una canción de amor, pero para él se convirtió en una especie de plegaria”. Entre las dedicatorias y condolencias del video de Youtube, encuentro esta seguidilla de comentarios:

—Annie debe haber sido una persona maravillosa para merecer esto.

—Imaginate que alguien te escriba algo así: amor eterno.

—De hecho, se separaron cinco años más tarde.

—Annie era una perra cazatesoros [gold digging bitch]. Le sacó ocho millones en el juicio de divorcio.

Encuentro varios artículos del tipo “el lado oscuro del chico bueno del country”. Dicen que cuando la fama se fue disipando, Denver empezó a tener problemas con el alcohol. Dicen que un día volvió de una gira y descubrió que Annie había talado unos robles que había en el jardín de la casa de Aspen, entonces agarró una motosierra (era partidario de la metáfora directa) y partió la cama matrimonial en pedazos. En 1984 se divorciaron. Dice Denver: “Una vez la quise ahorcar, cuando me di cuenta mis manos estaban alrededor de su cuello. Estaba perdido. Era mi noche oscura del alma”.

En 1988 se volvió a casar, con una hermosa cantante australiana llamada Cassandra Delaney. La historia se repite. Dice Delaney: “Tenía dos personalidades: John Denver era la figura pública que todos conocían y amaban, pero en casa era Henry John Deutschendorf hijo, un hombre inseguro y violento que seguía buscando la aprobación de su padre. Dormíamos con su guitarra en el medio de la cama, y siempre me acusaba de desafinarla. Cuando me pidió el divorcio me dijo que me iba a sacar a mi hijo, no me lo olvido más; dijo que quería verme en el suelo, sin nada”.

El inicio de su biografía es demasiado perfecto: era obvio que Denver iba a caer. A los efectos de esta crónica, su oscuridad es interesante porque matiza un poco las cosas. De la pureza de Denver a la violencia de las hinchadas ya no es tan recta la bajada. El verso “dejame reposar a tu lado, dejame estar siempre contigo” (el resalte es mío) de la canción original ahora puede resultar mucho más inquietante que cualquier cosa que se diga en la cancha.

Pero ¿cómo llegó John Denver a las hinchadas argentinas? La respuesta a este misterio me la da un blogger llamado Unmigone, y a él, según lo que cuenta, se la dio su madre en un asado familiar. Una pista: tiene una de las mejores cabelleras de la historia de la música argentina. Al igual que Denver, y apenas unos años más tarde, Héctor Omar Hoffmann decidió cambiar y desalemanizar su nombre para encarar su carrera como cantante melódico. Sergio Denis, de él estamos hablando, tiene otra canción que se entona en las canchas, quizá la más exitosa en la historia de los cánticos, o al menos la más internacional: “Te quiero tanto” (devenida en “ustedes pongan huevo que ganamos”) es un hit desde hace años en las canchas de Latinoamérica, y también en Japón, España, Inglaterra, Francia y Alemania.

Pero esa no es la canción que nos convoca. En un momento de su carrera, a Sergio se le dio por versionar clásicos internacionales: “California somnolienta”, “Algo” y “Orgullosa Mary”, por ejemplo, forman parte del disco Al estilo de Sergio Denis, en el que las letras de los temas se traducen de manera literal. Su versión de “Annie’s Song”, en cambio, se sale un poco del molde: “Así fue nuestro amor” es la canción número cinco del disco Afectos, de 1985. La letra no enumera cosas que lo llenan, no respeta la fórmula que propuso Denver y siguieron otros. Estas son las dos primeras estrofas:

Fue un momento sereno / desprendido del tiempo. / Tu mirada de fuego / encendida en mi mar.

Me estaba estrenando / por dentro y por fuera, / y tu primavera / me hacía temblar.

La adaptación logra mantener el espíritu de la original, y la imagen que sirve de fondo al video subido por Juancarlosdowhan es la de un atardecer luminoso y beatífico que sin dudas haría estremecer a los seguidores de Denver. Estaba por decir que me gusta más este tipo de adaptación que las otras más directas del disco Al estilo de Sergio, pero descubro que la adaptación en realidad no le pertenece a él sino al grupo vasco Mocedades, del que nunca había oído hablar, pero que al parecer fue muy importante dentro del mundo coral melódico latino.

Según un foro en la página oficial de Sheffield United, la canción “The Greasy Chip Butty Song” se entonó por primera vez en agosto de 1985, en un partido contra Stoke City jugado por la segunda división. En Argentina estas cosas no suelen estar tan bien documentadas, pero calculo que las versiones deben haber sido casi contemporáneas y, por supuesto, paralelas, ya que una respondía a Denver y las otras a Denis, y no había internet que pudiera juntarlas.

Si bien se puede decir que las versiones argentinas son canciones de aliento, no se usan para empujar al equipo hacia adelante; no se les canta a los jugadores que están corriendo en la cancha sino al equipo en sí, a los colores. Son cánticos de pertenencia, y la pertenencia se define tanto por lo que somos como por lo que no somos. Un amigo de Racing me dice que después de lo de vigilante/aguante había una segunda estrofa que decía así:

A pesar de los años, / los momentos vividos, / siempre estaré a tu lado / Academia querida.

Yo tenía asociados estos versos, o algo parecido, a la melodía de “Todavía cantamos”, de Víctor Heredia (que luego usó TVR para sus informes), pero lo que canta mi amigo también me suena conocido y entra perfectamente en la melodía de Denver. Agrega: “Era una de esas canciones que se cantaban en las malas, o sea toda mi vida” (mi amigo se fue a vivir a España a mediados de 2001). “En esa época teníamos una cosa medio masoca: parecía que queríamos que a Racing le fuera mal para demostrar que éramos los que más bancábamos en las malas. ¿Se entiende?”. Entiendo. Yo conocía a una vieja a la que le gustaba que sus amigos se enfermaran para poder ir a cuidarlos al hospital.

No encuentro registro de esta versión de Racing, pero la quiero tomar por cierta porque tiene una vuelta de tuerca interesante: la noción del “siempre”. El “siempre estaré a tu lado” aparece en la canción de Denver (y también, de manera exponencial, en los comentarios de sus seguidores), luego desaparece en las versiones en español de Mocedades y de Sergio Denis, y luego vuelve a aparecer en el cántico de Racing. De alguna manera, probablemente intuitiva, la hinchada sintió que esa melodía necesitaba volver a la noción del amor eterno e incondicional, un tipo de amor que, por otra parte, le sienta mejor al fútbol que a las parejas, y por eso hay muchos menos cambios de equipos que divorcios. Este movimiento pendular ocurre también con las versiones de cancha de “It’s a Heartache”, de Bonnie Tyler, pero a eso no lo voy a contar ahora porque ya tiene su propia crónica.

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“La guitarra y los aviones eran lo mismo para John, eran instrumentos para alcanzar el cielo”, dice un hombre rubio de bigotes en un documental llamado The Last Day of John Denver. “El 12 de octubre de 1997, John Denver piloteaba un avión experimental en California. Era un día perfecto para volar, de esos en los que uno se siente cerca de Dios”, continúa, pero de repente el avión se vino a pique y cayó de trompa en el océano Pacífico. El documental intenta resolver las causas del accidente, y para eso cuenta con el aporte de un forense canoso con una bata verde agua. Pero no resuelve nada: dice que podría haber estado borracho o fumado (afirma que Denver estaba fumado cuando compuso “Rocky Mountain High”), que pudo haber chocado contra un pelícano. Luego descarta estas posibilidades. Uno pregunta si no habrá sido un suicidio. Otra vez la noche oscura del alma. Pero sus amigos dicen que Denver estaba bien; había vuelto a componer y estaba de novio con una golfista sudafricana de 26 años. El empleado del aeroclub que le entregó el avión sostuvo que Denver estaba muy sereno y sonriente, como siempre. También afirmó que le avisó que el nivel de combustible del avión estaba bajo, pero él le respondió que no hacía falta cargar. “Sólo voy a estar una hora en el aire”, le dijo. Una persona que comenta el video dice que quizá no quería matarse, pero tampoco le importaba mucho si esto sucedía. “Yo estuve en ese estado, magnetizado por la muerte”, le responde otro. ¿Por qué Denver no se eyectó cuando vio que caía? Era un piloto experimentado, su propio padre le había enseñado. ¿Por qué no puso el tanque de reserva? ¿Sabían que Denver iba a estar en el Challenger? Ya tenía todo arreglado con la NASA: iba a cantar su mensaje de paz desde el espacio exterior, pero al final decidieron cambiarlo por una maestra de escuela.

Unos días después del accidente, entrevistaron a Annie en el programa Public Eye. La presentaron como Annie Denver, el gran amor de John.

John era un tipo muy romántico, pero vos decís que era un hombre muy complejo. ¿Por qué?

Creo que la gente tiende a simplificar a John por la simplicidad y elocuencia de su música, pero tenía un lado muy triste, y de ahí es de donde salía su música.

Escribió “Annie’s Song” para vos en 1973. ¿Puedo asumir que es tu canción favorita de John?

En realidad, no. Me siento bendecida por la canción, y todavía lloro cuando la escucho, pero mi canción favorita de John Denver es “Perhaps Love”, que canta con Plácido Domingo.

Bueno, voy a tener que escucharla. Annie, han sido tiempos difíciles, podés contar con nuestro apoyo y plegarias.

Dejame decir una última cosa. En estos días hubo demostraciones de amor por John en todo el mundo. A él le hubiera encantado. Es lo que siempre quiso, desde que era un niño. Era un buen hombre.

Al final de la entrevista, de la que transcribí sólo una parte, pasan imágenes de la vida de Denver (en las montañas, con la guitarra, con sus hijos, reverenciando a su padre en la cabina de un avión, con Annie en un mirador, en un globo aerostático, con su familia en una reunión de Navidad), y sobre la secuencia de fotos, por supuesto, suena “Annie’s Song”.

Hinchas de Boca Juniors en el barrio La Boca, en Buenos Aires, mirando la final de la Copa Libertadores, jugada contra River Plate en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. Foto: Alberto Raggio, AFP
Hinchas de Boca Juniors en el barrio La Boca, en Buenos Aires, mirando la final de la Copa Libertadores, jugada contra River Plate en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. Foto: Alberto Raggio, AFP

“Hola, Annie. Estoy escribiendo una crónica sobre las adaptaciones a cánticos de fútbol de la canción que John Denver te dedicó cuando todavía llenabas sus sentidos, antes de la motosierra y la noche oscura del alma”. Sería lindo escribirle, pero no encuentro su contacto en internet y además sospecho que debe estar podrida de su canción. En una entrevista dice que se la cantaban cada vez que la reconocían, al menos una vez por semana. Aunque también es cierto que debe seguir generando sus buenas rentas, no sé si para ella pero al menos para sus hijos. ¿La musa tiene algún derecho sobre su canción? Hace unos años se planteó este dilema entre la garota de Ipanema y los herederos de Vinícius y de Jobim. Creo que ganaron los herederos.

Al menos pude encontrar el contacto de Sergio Denis; en su página oficial está el teléfono de su mánager, Carlos Hoffmann (un pariente, supongo). Le dejo un mensaje de audio y el enlace a la crónica “La concha de tu madre All Boys”, en la que aparece Sergio brevemente. ¿Estuvo en un Gran Hermano de famosos o tenía una novia que estuvo en un Gran Hermano común? Sea cual sea, esto me da cierta esperanza de que me responda. Me pregunto si le habrá costado tanto como a Denver bajar del pico de la fama.

¿Cuándo escuchaste por primera vez esta canción en la cancha? ¿Cuál es tu versión preferida? ¿No es la vida ya lo suficientemente compleja como para que todos te llamen Sergio cuando tu nombre es Héctor? ¿Viste la película en la que Denver conoce a Dios y tiene que convencer a todos de que no está loco? ¿Por qué no le echó unos litros más de nafta al avión, si no le costaba nada? ¿Qué cosas llenan tus sentidos? ¿Te parece masoquista la hinchada de Racing? ¿Alguna vez sentiste la noche oscura del alma?

Los mandatos de Carlos Menem, Julio Grondona y el Abuelo (el país, la AFA y La Doce respectivamente) coincidieron entre 1989 y 1994. La versión que voy a mencionar ahora, estoy casi seguro, corresponde a ese período.

Quiero ver a La Doce / con todas sus banderas, / las sombrillas y los bombos / aunque la AFA no quiera. / Yo soy hincha de Boca, / yo no soy delincuente, / quiero ver a La Doce / como toda la gente.

La Doce, según el contexto, puede significar el núcleo duro de la barra o la hinchada de Boca en general. Este era un cántico que nacía de la barra, un pedido de igualdad ante la ley. Había otro, en el mismo sentido, que directamente decía “por qué será, la concha de su madre, a Carlos Menem le quiero preguntar, se hacen las leyes para Boca y nada más”, con una melodía que no logro identificar. Estos cánticos nacieron como respuesta a una ley que prohibía el ingreso de bombos y banderas a la cancha, aunque, por supuesto, sería ingenuo pensar que ese era el único motivo del conflicto.

El cántico de las sombrillas y los bombos nacía de la barra pero lo cantaba toda la cancha. Y es verdad, son lindas las sombrillas y los bombos, le gustan hasta al hincha más pacifista, pero para entrar esas cosas tiene que haber un arreglo entre la barra, la dirigencia del club, la Policía y el gobierno, y esos arreglos no son gratuitos, pero ese ya es un tema para Grabia y sólo lo voy a mencionar como uno de los tantos...

Ya no se les puede preguntar a Grondona ni al Abuelo si sabían de la relación entre las sombrillas y los bombos y la esposa de Denver y las montañas de Aspen. A Carlos Menem me parece que tampoco. Y, de todas formas, si tuviera una sola pregunta para Menem sobre cánticos sería la siguiente: ¿sabía usted que la hinchada de Aldosivi canta “quiero tomar la de Olmedo, la que toma Maradona, la que toma Carlos Menem, la que pega voladora” con la melodía de “Tengo un tractor amarillo”, y que mientras lo hace seguramente los hinchas tomen algo de baja calidad, que ingresan a la cancha gracias a una serie de arreglos entre la barra, la dirigencia, la Policía y el gobierno?

El mánager de Sergio Denis por ahora me clavó el visto. Es una lástima porque tenía otras preguntas para hacerle a Sergio: ¿es cierto que estuviste muerto durante 17 minutos en Paraguay?, ¿es verdad que en ese momento viste la mitad de tu cuerpo en un rectángulo, y lo insultaste porque para vos era el diablo?, ¿por qué será que tantos músicos (Glenn Miller, Buddy Holly, Otis Redding, Ritchie Valens, Carlos Gardel, Stevie Ray Vaughan, etcétera) murieron en el aire?, ¿es sólo porque viajaban mucho en avión o se podría hacer una analogía terraja entre la música, el cielo y las ganas de volar?

Escribo este final en medio de una resaca sensible de domingo. Si llegaron hasta acá, seguramente habrán comprobado que la melodía es altamente pegadiza. Dice Milt Okun, uno de los primeros mánager de Denver: “La primera vez que la escuché le dije a John que tenía la misma melodía que el segundo movimiento de la quinta sinfonía de Tchaikovsky. Entonces John fue al piano, se sentó durante una hora, y cuando volvió lo único que quedaba de Tchaikovsky eran las cinco primeras notas”.

En Youtube hay varios tutoriales para aprender a tocarla. Elijo uno a prueba de bobos e interpreto la canción con dos dedos en el órgano chino de mi hija. Una persona que comenta el video dice: “Esta melodía es una trampa mortal”. Otro le responde: “Es circular, por eso es tan pegadiza. Pasa lo mismo con ‘Piano Man’, de Billy Joel”. El usuario Dinougly62 comenta: “Siempre pongo esta canción cuando necesito llorar”.

Intento cantar “las sombrillas y los bombos” encima de la melodía que aprendí en el órgano pero no logro hacer las dos cosas al mismo tiempo. Me acuerdo de un amigo de Boca que en aquella época estaba pasado de merca y cortó relación con la barra de amigos. Supongo que alejarse era parte de la rehabilitación. Hace años que no lo veo. Espero que ande mejor.

Pongo la versión de Denis con la letra a la vista y le canto encima. Creo que me está empezando a gustar. Mi Youtube ya está infectado: entre las diez primeras sugerencias sólo hay versiones de esta canción (y una charla de Darío Sztajnszrajber sobre el amor), y si veo uno más de estos videos me parece que podría largarme a llorar, no sé si por Denver, por Denis o por Boca, si por el órgano chino de mi hija o si por la resaca sensible de domingo, o si sería por las montañas nevadas y los momentos vividos, pero me parece que podría largarme a llorar.