De Montevideo a Rivera, la ruta 5 atraviesa el Uruguay de sur a norte por el centro de su territorio. En el kilómetro 407, poco más allá de la ciudad de Tacuarembó, un cartel a la izquierda de la ruta dice “Estación Laureles”. ¿Qué hay por esos caminos secundarios que desembocan en nuestras carreteras principales? Los vemos a través de la ventanilla, sin tiempo para internarnos en ellos. ¿Y si el plan fuera alejarse de la ruta asfaltada atraídos por el encanto de un nombre pintado en un cartel?

Flor de plumerillo.
Flor de plumerillo.

En este caso, el camino señalado es de tosca y discurre entre cerros y plantaciones de pinos. Curvas, badenes, un puente angosto sobre el arroyo Cañas, monte nativo que aquí y allá se abalanza sobre el camino y casas que, cada tanto, alcanzan a componer algo menos que villas escondidas entre los cerros. La expresión “Uruguay profundo”, gastada por discursos políticos que buscan hablar en su nombre, bien puede aplicarse, en su mejor sentido, a estos parajes del extremo norte de Tacuarembó, entre los que se encuentran Lambaré, Paso del Cerro, Bañado de Cañas, Estación Laureles.

Vivienda familiar.
Vivienda familiar.

A 47 kilómetros de la ruta 5, siempre en dirección a Estación Laureles, si torcemos a la izquierda, un cartel anuncia la llegada a la estancia Bichadero, de Darío Fros y Serrana Rodríguez Sotto. El último tramo del recorrido es por la parte alta de la Cuchilla de Laureles, que corta las aguas que forman los arroyos Cañas de un lado y Laureles del otro.

Bandurria, ave pelecaniforme que emite un graznido potente.
Bandurria, ave pelecaniforme que emite un graznido potente.

Las casas, construidas, como es costumbre, en la parte alta del terreno, son tres edificios bajos y sencillos: la vivienda familiar, las habitaciones de huéspedes y la cocina-comedor, a través de cuya ventana se ven los cerros. A diez minutos de caminata cuesta abajo hay una red de quebradas tributarias del arroyo Cañas, tupidas de monte y por cuya zona más profunda corre agua; en sus extremos casi siempre hay cascadas. Hace algunos años, Serrana y Darío cercaron una parte de ese ambiente excepcional con el fin de que el ganado no acceda a él y para preservar, de ese modo, el mejor desarrollo de su monte nativo.

Camino de ingreso a las sierras de Laureles desde la ruta 5.
Camino de ingreso a las sierras de Laureles desde la ruta 5.

Darío cuenta que los Fros (el apellido es alemán) llegaron a Uruguay desde Brasil en los años 50 del siglo XIX. Habla pausadamente, disfruta el contacto con los visitantes y se mueve en la espesura con la familiaridad suficiente como para encontrar, sin necesidad de marcar el terreno, la cámara-trampa de fotos que colocó en lo más tupido del monte. Cuenta que algunos de los senderos que recorren la quebrada son antiguos pasos de jinetes y que sus propias hijas iban a la escuela a través de ellos, montadas a caballo.

La historia del turismo en Laureles empezó con la crisis de 2002, que impulsó a los pobladores a buscar alternativas económicas; con asesoramiento del Centro Latinoamericano de Economía Humana, iniciaron un proceso de capacitación para recibir visitantes. Las esperanzas estaban en combinar el valor paisajístico y ambiental del área con una preparación adecuada para la nueva tarea. Para las mujeres, dice Serrana, el turismo se convirtió también en una oportunidad de trascender su rol tradicional, aportando su trabajo a un emprendimiento que comenzaba de cero. Los primeros visitantes llegaron en 2004 y desde entonces son más frecuentes cada año.

Darío Fros colocando una cámara-trampa que se accionará cada vez que detecte movimiento, incluso en la noche.
Darío Fros colocando una cámara-trampa que se accionará cada vez que detecte movimiento, incluso en la noche.

Bichadero no es la única oferta turística de la zona, pero sí la que ofrece todo lo necesario: alojamiento, comida, recorridos guiados, cabalgatas y la invitación a compartir las tareas del establecimiento. Otros vecinos de la zona ofrecen servicios parciales, como habitaciones y paseos.

Entre los visitantes regulares se encuentran grupos de liceales, de profesores y de alumnos de botánica que llegan para realizar clases prácticas, investigadores de la Facultad de Ciencias que necesitan cama y comida cuando trabajan en la zona, aficionados al avistamiento de aves, turistas en busca de parajes silenciosos y libres de muchedumbre, extranjeros que llegan por datos recogidos en internet; este invierno alojaron durante 23 días a un escocés que los visita desde hace años.

¿Qué hay en el lugar que lo hace especial, además de la belleza de un paisaje remoto, con su aire limpio y sus noches silenciosas y estrelladas? El monte nativo: 50 hectáreas de monte de quebrada preservadas que pueden recorrerse con la compañía de un guía. Por su lejanía y difícil accesibilidad, los montes indígenas de las quebradas del norte son los más ricos, diversos y mejor conservados del país. Descender desde el pastizal exterior al lecho de la quebrada es ingresar a un mundo insospechado de especies vegetales, aromas y sonidos, donde la luz llega filtrada a través del follaje. Cada metro de monte es una obra que tomó años en ser realizada, con ejemplares de diversas especies que se han adaptado al terreno y a las variaciones de agua y de luz. Quizás el interior del monte sea el mejor lugar para leer el devenir antiguo, incesante y aparentemente pacífico de la naturaleza.

Más allá de Laureles

Conducir desde Montevideo hasta las sierras de Laureles puede ser cansador, así como dañino para autos de ciudad, sobre todo para los pequeños o bajos. Una opción, entonces, para conocer este sitio, es ir a Tacuarembó en ómnibus y alquilar allí un vehículo conveniente, que no necesariamente debe ser 4x4. El viaje desde Tacuarembó a las sierras es de aproximadamente una hora y media.

El plan puede ser de varios días, porque a la estadía en Laureles se le puede sumar una visita al Valle del Lunarejo, que está muy cerca; desde Laureles se llega por caminos rurales o saliendo a la ruta 5 y tomando luego la 30 en dirección a Artigas.

Paseo guiado por el monte de quebrada.
Paseo guiado por el monte de quebrada.

La primera opción no es cómoda, pues hay que trajinar por caminos maltratados aunque transitables, con frecuencia compartidos con camiones cargados de madera; sin embargo, vale la pena esa inmersión en el Uruguay forestal.

Por la ruta 30, un poco después del ingreso al Valle del Lunarejo, se encuentra Masoller, escenario de la batalla final de la gran guerra civil que enfrentó a blancos y colorados; en setiembre de 1904 allí fue herido de muerte el caudillo nacionalista Aparicio Saravia, dicen que por alardear frente a las líneas enemigas con su poncho blanco, sin bajarse del caballo.