El grupo de adolescentes sonríe y se aprieta preparándose para la selfie. Es una escena muy común en estos días, pero el entorno es diferente. Casas de gruesas paredes de piedra con techos rojos dan un marco como de película antigua. Entrar en Conchillas supone un viaje en el tiempo, y en muchos de sus rincones el reloj parece haberse detenido definitivamente a fines del año 1800.

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El pueblo surgió con el impulso de la construcción de un puerto, de la mano de ciudadanos ingleses, y lleva la herencia de una arquitectura de casas de muros anchos y techos rojos a dos aguas, la tradición del té de las cinco y el atento cuidado de los jardines. Y es que los primeros pobladores fueron trabajadores extranjeros, italianos, griegos y búlgaros, mezclados con criollos; como muestra, en el antiguo cementerio pueden verse viejas lápidas con leyendas en español, inglés y alemán. Grandes cargamentos de granito y arena para construcción salían regularmente de la zona con destino a Buenos Aires. Eran tiempos prósperos y Conchillas llegó a contar con su propia usina generadora de electricidad, uno de los primeros pueblos en Uruguay en tener este novedoso adelanto.

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Sin duda el más famoso de sus habitantes fue David Evans, marinero, cocinero y comerciante que fundó la mítica Casa Evans, donde se vendía desde maquinaria agrícola hasta ropa, muebles, alimentos y porcelanas con tal circulación de mercancías que llegó incluso a acuñar su propia moneda. La propia aparición de Evans en estas tierras ya marcó el carácter legendario que el personaje alcanzaría, pues llegó nadando tras ser el único sobreviviente del buque Sophia, que naufragó frente a las costas de Conchillas.

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Por donde se mire hay historia. La plaza, el puerto, el viejo hotel, la iglesia, todos los lugares nos hablan de lo que alguna vez fue, de las anécdotas y leyendas que encierran. Este patrimonio intangible, sumado a su particular arquitectura, llevó al pueblo a ser declarado monumento histórico nacional.

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Para el turista, tiene el agregado de ser un lugar donde se puede encontrar paz.

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Hay otro ritmo, sin tanto apuro y con tiempos seguramente más cercanos a los que manejaban nuestros abuelos. Las cerca de 500 personas que viven en Conchillas lo hacen sin el vértigo que uno a veces lleva a cuestas, y eso lo siente y lo agradece el visitante. Uno escucha al caminar conversaciones, cantos de aves y alguna moto cada tanto, pero el silencio es un bien muy apreciado en estas calles.

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Alejándose un poco de las casas uno se encuentra con montes bien conservados, lo que explica el poder ver cardenales, garzas y caranchos revoloteando en las cercanías del pueblo.

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Toda el área es más que propicia para el avistamiento de aves, sobre todo cuando uno se acerca al río, por donde pasan cada tanto los botes de los pescadores buscando sábalos.

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A pocas cuadras de la plaza, por el camino Maestro Bancheri, se llega a la zona de Tres Clavitos, un lugar de un hermoso y escondido paisaje donde el arroyo San Francisco corre entre grandes piedras formando pequeñas cascadas y estanques, sitio de recreación sobre todo de familias y niños de Conchillas. El lugar bien vale un picnic junto al agua, instalado cómodamente en la rocas planas de la orilla.

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A unos cinco kilómetros se llega al puerto, que conserva también estructuras históricas, aunque hoy se lo busca más para probar suerte con anzuelos y boyas o por los baños que se dan en el río pobladores y visitantes. Desde la orilla se puede ver el barco hundido Pontón, usado en concursos de pesca hasta que una tempestad terminó con su vida útil, y su silueta ahora agrega un poco más de misterio a la atmósfera del lugar.

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Conchillas es un sitio amigable para el visitante: todo está cerca y es fácil de recorrer. Lo mejor es dejarse llevar caminando por sus calles e ir descubriendo detalles, como huertas hogareñas que desbordan zapallos, caballos pastando en los jardines o aljibes centenarios. Hay varias opciones de alojamiento, ya sea en el propio pueblo o en cabañas en el camino entre la ruta y el puerto. Se puede comer por precios razonables en el entorno de la plaza o en paradores junto al río.

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Se puede llegar a Conchillas tomando la ruta 21, que va rumbo a Carmelo y sale de la ruta 1, que une Montevideo y Colonia. El pueblo está a unos 50 kilómetros de Colonia y a un poco más de dos horas en auto desde Montevideo.

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