Más allá del aumento de las uniones consensuales y la caída de los matrimonios, la contribución proporcional de las mujeres sin pareja a la fecundidad total ha aumentado en toda América Latina. El estudio que lo demuestra, “Change and continuity in the fertility of unpartnered women in Latin America, 1980–2010”, fue publicado por la revista académica Demographic Research, donde está disponible en versión completa.

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Si la disociación entre sexualidad y reproducción, con el consiguiente descenso de la fecundidad, fue uno de los grandes catalizadores del cambio familiar en la segunda mitad del siglo XX a nivel mundial, la disociación entre pareja y reproducción, con el consiguiente debilitamiento de los vínculos paterno-filiales, será uno de los ejes que moldearán las biografías familiares en el presente siglo.

El aumento de la fecundidad fuera de la pareja no sólo refleja la creciente diversificación de trayectorias conyugales y reproductivas, sino que puede condicionar en gran medida el reparto de responsabilidades familiares y la articulación de las redes de solidaridad familiar, los patrones de relaciones de género y las condiciones de vida y bienestar de niños, mujeres y hombres a lo largo del curso de vida.

En la mayoría de los países de América Latina, la proporción de mujeres sin pareja ha aumentado. Su fecundidad subió en algunos países, pero disminuyó en otros. Sin embargo, en los países donde disminuyó lo hizo a un ritmo más lento que la fecundidad de las mujeres con pareja, aumentando así también la proporción de la fecundidad total atribuible a las mujeres sin pareja. Nuestro estudio sugiere que el principal motor de la creciente proporción de la fecundidad atribuible a mujeres sin pareja en América Latina es su creciente proporción en la población y que en algunos países el aumento (o reducción más lenta) de sus tasas de fecundidad en comparación con las de mujeres en pareja es un factor importante del fenómeno.

En las últimas décadas, la proporción de niños nacidos de madres no casadas ha aumentado en la mayoría de los países de América Latina. De hecho, desde principios de siglo nacen más niños fuera del matrimonio que dentro. Además, estudios recientes muestran que, al igual que en otras regiones del mundo, ha habido un reciente auge de la cohabitación y que las uniones consensuales ya no son atípicas entre las clases medias y altas. Como en varios países europeos, la probabilidad de tener un hijo es prácticamente la misma para las parejas casadas y para las que cohabitan.

Sin embargo, sabíamos relativamente poco sobre el segundo componente de la fecundidad no marital: el comportamiento reproductivo de las mujeres que no viven con una pareja. Por eso, estudiamos las circunstancias en que se da esa creciente proporción de la fecundidad total atribuible a las mujeres que no están casadas ni conviven.

En nuestro estudio de 2016 “Las contribuciones a la fecundidad de la maternidad dentro del matrimonio y dentro de uniones consensuales en América Latina, 1980-2010” encontramos que, como podría esperarse, la fecundidad está cada vez menos relacionada con el matrimonio y más asociada a uniones consensuales. Sin embargo, también hallamos que en la mayoría de los países examinados la proporción cada vez mayor de la fecundidad dentro de uniones consensuales va en aumento, de la mano con una proporción cada vez más grande de la fecundidad fuera de relaciones de convivencia. En otras palabras, el notable aumento de la fecundidad dentro de la cohabitación no ha opacado la fecundidad fuera de uniones. Aun más curioso: el aumento en la maternidad fuera de uniones no se limita a las edades adolescentes.

Para nuestra investigación, analizamos este fenómeno utilizando datos de 11 países latinoamericanos en los que pudimos comparar al menos dos censos. Nos centramos en la cambiante composición de la población femenina por estado conyugal, en las también cambiantes relaciones entre el estado conyugal y la fecundidad, y en los cambios sociodemográficos en la población de mujeres sin pareja.

La fecundidad de las mujeres sin pareja

Para comprender el aumento en la proporción de la fecundidad general que se produce fuera de uniones de pareja hay que considerar diferentes explicaciones posibles. La proporción de la fecundidad fuera de uniones puede aumentar aun cuando se mantiene estable la proporción de mujeres que no están casadas ni viven en una unión consensual (y su fecundidad), si la fecundidad de las mujeres que viven en una unión formal o informal disminuye. También puede estar aumentando porque la proporción de mujeres que no están casadas ni viven en uniones consensuales crezca, porque la fecundidad aumente entre estas mujeres, o porque ambas aumenten. Por supuesto, todos o algunos de estos escenarios hipotéticos pueden ocurrir al mismo tiempo, y varían entre los países.

Para desentrañar el aumento de la fecundidad fuera de uniones, primero analizamos la participación en la fecundidad total atribuible a las mujeres sin pareja, la proporción de mujeres sin pareja y la tasa de fecundidad de las mujeres sin pareja, así como su evolución a través de los censos. Como la fecundidad varía según la edad y la educación, también observamos la proporción de mujeres sin pareja en función de la edad y las tasas de fecundidad por edad según nivel educativo.

Tener un hijo sin tener pareja que cohabite puede ser el resultado de un embarazo no planificado, particularmente entre adolescentes; puede ser una elección, sobre todo entre treintañeras económicamente independientes; puede ser el resultado de una separación o un divorcio reciente; o puede reflejar la migración temporal de la pareja. Usamos cinco variables disponibles en los datos censales —edad, nivel de educación, relación con el jefe de hogar, estado civil legal y situación en el mercado laboral— para explorar si los cambios en el perfil sociodemográfico de las mujeres sin pareja tienen impacto en su fecundidad.

Primeros resultados

Los datos muestran que la proporción de tasa de fecundidad global atribuible a mujeres sin pareja ha aumentado en los censos de todos los países latinoamericanos que examinamos. También, que la proporción de mujeres de 15 a 49 años que viven sin pareja o esposo en el momento del censo aumentó con el tiempo en varios países, especialmente Uruguay y Argentina, aunque se mantuvo relativamente estable en otros.

A primera vista, uno podría pensar que el aumento en la proporción de mujeres sin pareja ha sido el principal factor subyacente en el incremento de su cuota en la tasa de fecundidad global. De hecho, un examen detallado de los datos muestra que la proporción de mujeres sin pareja ha ido aumentando principalmente entre las mujeres de al menos 30 años, presumiblemente como consecuencia de la separación o el divorcio de uniones anteriores.

Sin embargo, las cosas no son tan simples. Los datos también muestran que la evolución en el tiempo de la tasa de fecundidad de las mujeres sin pareja no ha sido uniforme en todos los países. Ha sido estable en Perú; ha aumentado en Argentina, Colombia, México y Uruguay; disminuyó en Costa Rica, Panamá y Venezuela; subió y luego bajó en Brasil y Chile; y ha disminuido y luego aumentado en Ecuador.

Como se esperaba, las tasas son más bajas en las mujeres con mayor educación, pero en la mayoría de los países estas disminuyen con el tiempo en todos los niveles educativos.

Algunos países se apartan de este patrón general: en Colombia las tasas se mantuvieron relativamente estables, en Ecuador disminuyeron principalmente entre las mujeres con bajo nivel educativo, en tanto en México, Perú y Panamá disminuyeron, pero el cambio más sorprendente es que el gradiente de fecundidad por nivel de educación entre las mujeres sin pareja prácticamente desapareció con el tiempo.

Argentina y Brasil como modelos

Interpretar los resultados de una descomposición multivariable puede ser engorroso. Comparar los resultados de Argentina y Brasil puede resultar útil. Las estimaciones de las regresiones de Poisson muestran que, en ambos países, las tasas de fecundidad de las mujeres casadas y que cohabitan disminuyeron desde el primer al segundo censo, mientras que las tasas de fecundidad de las mujeres sin pareja aumentaron.

En todos los países latinoamericanos que examinamos la fecundidad total disminuyó del primer al segundo censo. En Argentina y Brasil la proporción de las mujeres sin pareja aumentó del primer al segundo censo, más en Argentina (de 38% a 45%) que en Brasil (de 42% a 45%). En Argentina, si la proporción de mujeres sin pareja hubiera permanecido igual del primer al segundo censo, la fecundidad general habría sido mayor en el segundo censo de lo que realmente fue. En Brasil, por el contrario, si la proporción de mujeres sin pareja se hubiera mantenido, la fecundidad habría sido menor en el segundo censo de lo que realmente fue.

En Argentina y Brasil el coeficiente asociado al cambio en la fecundidad de las mujeres sin pareja es positivo, lo que captura el aumento relativo (insistimos en esta palabra) de la fecundidad de las mujeres sin pareja entre el primer censo y el segundo censo en los dos países. En todos los países el coeficiente asociado con el cambio en la fecundidad de las mujeres sin pareja es positivo, lo que significa que en todos, no sólo en Argentina y Brasil, la fecundidad de las mujeres sin pareja expresada como una desviación de la fecundidad media ha aumentado del primer al segundo censo.

Dado que la fecundidad total ha disminuido, esto equivale a decir que la mayor parte de la caída en la tasa global de fecundidad que no se explica por los cambios en la distribución del estado conyugal se debe a la reducción de las tasas de fecundidad de las mujeres casadas y las mujeres que viven en una unión consensual.

Argentina y Brasil son en realidad ejemplos de los dos patrones que encontramos en nuestra investigación. Chile, Costa Rica, Panamá y Perú tienen resultados similares a los de Argentina, mientras que Colombia, Ecuador, México, Uruguay y Venezuela tienen resultados similares a los de Brasil.

Así, en los países que siguen el patrón argentino, si la proporción de las mujeres sin pareja hubiera permanecido igual desde el primer hasta el segundo censo la fecundidad hubiera sido mayor en el segundo censo de lo que realmente fue. Al contrario, en los países que siguen el modelo brasileño, si la proporción de mujeres sin pareja se hubiera mantenido la fecundidad general hubiera sido menor en el segundo censo de lo que realmente fue. En todos los países, la mayor parte de la caída de la tasa de fecundidad general que no se explica por los cambios en la distribución del estado conyugal proviene de la reducción de las tasas de fecundidad de las mujeres casadas y de las mujeres que viven en uniones consensuadas.

Por lo tanto, de acuerdo con nuestros resultados, los factores más importantes en la creciente contribución de las mujeres sin pareja a la fecundidad total son, primero, su proporción creciente en la población, y en segundo lugar la menor reducción de sus tasas de fecundidad en comparación con las de mujeres casadas y mujeres que viven en uniones consensuales.

Educación y trabajo

Una segunda descomposición examina los cambios en la fecundidad de las mujeres sin pareja, lo que nos permite examinar el papel que desempeña la conformación de las mujeres sin pareja en relación con la edad, la educación, el estado civil legal, la relación con el jefe de familia y su situación laboral sobre sus cambios de fecundidad entre los censos.

Grosso modo, los resultados generales se pueden agrupar en tres grandes patrones. En Argentina, Chile y Colombia la fecundidad de las mujeres sin pareja aumentó del primer al segundo censo. En estos países, los cambios en las características sociodemográficas de las mujeres sin pareja y en las tasas de fecundidad asociadas con estas características tuvieron efectos opuestos sobre el aumento de la fecundidad de las mujeres sin pareja: los cambios en la conformación de las mujeres sin pareja disminuyeron su fecundidad, mientras que los cambios en las tasas de fecundidad asociadas a las modalidades de esas características la aumentaron.

En Brasil, Ecuador y México, al igual que en el primer grupo de países, la fecundidad de las mujeres sin pareja aumentó del primer al segundo censo. Sin embargo, en estos países tanto los cambios en la composición de la población de mujeres sin pareja como las tasas de fecundidad asociadas con las características contribuyeron a este aumento.

En Costa Rica, Perú, Uruguay y Venezuela la fecundidad de las mujeres sin pareja disminuyó del primer al segundo censo, y tanto los cambios en la composición de la población de mujeres sin pareja como las tasas de fecundidad asociadas con las características contribuyeron a esa disminución.

Ilustración: Luciana Peinado
Ilustración: Luciana Peinado

Panamá es un caso aparte: no hay un cambio significativo en la fecundidad de las mujeres sin pareja del primer al segundo censo, pero esta constancia parece ser el resultado de cambios compensatorios en la composición de la población de mujeres sin pareja que redujeron la fecundidad y los cambios en las tasas asociadas a las características que la aumentaron.

Dicho de otro modo, no surge un patrón claro, incluso dentro de los tres grupos que pueden formarse utilizando la información general. Nuevamente, mirar de cerca a Argentina y Brasil puede ser iluminador.

En Argentina, la fecundidad de las mujeres sin pareja aumentó del primer al segundo censo. Tanto el cambio en la distribución de la educación y la edad como el cambio en los coeficientes asociados con estas características redujeron la fecundidad, mientras que tanto las modificaciones en la distribución de la relación entre el jefe de hogar y del estado civil y el cambio en los coeficientes asociados a estas características se incrementó. Las variaciones en la distribución de la situación en el mercado laboral aumentó la fecundidad, y el cambio en los coeficientes de sus modalidades la disminuyó.

Entre el primer y el segundo censo la distribución del nivel de educación ha aumentado: en el segundo censo, menos mujeres tenían sólo educación primaria y más mujeres habían completado la educación secundaria. Las tasas de fecundidad aumentaron dentro de estos dos grupos entre el primer y el segundo censo. Entre los dos censos también cambió la distribución de la relación con el jefe de familia. En el segundo censo, la proporción de mujeres que eran cabeza de familia o hija de la cabeza de familia aumentó, mientras que la tasa de fecundidad de las primeras disminuyó y la de las últimas aumentó. Había menos mujeres solteras y viudas en el segundo censo que en el primero, pero había más mujeres separadas. La tasa de fecundidad de las mujeres solteras aumentó y la de las separadas, disminuyó. En el segundo censo había menos mujeres empleadas que recibían salarios que en el primero, y más mujeres desempleadas, mientras que la fecundidad de las desempleados aumentó del primer al segundo censo.

En Brasil, la fecundidad de las mujeres sin pareja también aumentó del primer al segundo censo, pero no tanto como en Argentina. Tanto el cambio en la distribución de la educación y la edad como en los coeficientes asociados con sus modalidades aumentaron la fecundidad, mientras que tanto el cambio en la distribución del estado civil como en los coeficientes asociados con sus modalidades lo disminuyeron. Las variantes en la distribución del estatus en el mercado laboral aumentaron la fecundidad, en tanto el cambio en los coeficientes de sus modalidades la redujo, como en Argentina. El cambio en la distribución de la relación del jefe de familia disminuyó la fecundidad, mientras que los cambios en los coeficientes de sus modalidades la aumentaron.

Al igual que en Argentina, entre el primer y el segundo censo la distribución del nivel de educación ha aumentado, pero no de la misma manera que en Argentina: en Brasil, el principal “movimiento” fue desde no haber completado la educación primaria hasta haber completado educación primaria o secundaria. Las tasas de fecundidad de las mujeres sin pareja en todos los niveles educativos aumentaron del primer al segundo censo, pero especialmente para aquellos que no habían completado la educación primaria o habían completado sólo la educación primaria. En el segundo censo, la proporción de mujeres que eran jefas de hogar aumentó y la de las mujeres que eran hijas del jefe de familia disminuyó ligeramente, mientras que la tasa de fecundidad de las primeras disminuyó y aumentó posteriormente. Al igual que en Argentina, la proporción de mujeres solteras y viudas disminuyó del primer al segundo censo, mientras que la proporción de mujeres separadas aumentó, pero las tasas de fecundidad de mujeres separadas y viudas disminuyeron.

Las mayores diferencias entre Argentina y Brasil parecen estar relacionadas con la situación en el mercado laboral. En Brasil, la proporción de mujeres empleadas disminuyó ligeramente del primer al segundo censo, mientras que bajó considerablemente en Argentina, y la proporción de mujeres fuera de la fuerza laboral se redujo más en Brasil que en Argentina. Finalmente, mientras que en Argentina las tasas de fecundidad de todas las modalidades de situación en el mercado laboral aumentaron del primer al segundo censo, la tasa de trabajadores por cuenta propia disminuyó en Brasil.

Muchas de estas diferencias entre los dos países pueden relacionarse con las variaciones en su historia social y económica reciente. El acceso a la educación primaria y secundaria llegó más tarde en Brasil que en Argentina, y la transición de la fecundidad comenzó antes en Argentina que en Brasil. El estancamiento económico de fines de la década de 1990, en gran parte debido a la paridad entre el peso argentino y el dólar estadounidense, que resultó insostenible al año siguiente en que se realizó el último censo argentino que utilizamos, hizo que las tasas de desempleo aumentaran.

De manera similar, si observamos los resultados de otros países de la misma manera se obtienen una serie de historias distintas, cada una de ellas relacionada con el contexto nacional específico en el que ocurren.

Ritmo y proporción

En América Latina durante las últimas cuatro décadas la proporción en la fecundidad total atribuible a las mujeres que no están casadas ni cohabitan ha aumentado. Cabe destacar que, mientras que en la década de 1980 la fecundidad de mujeres sin pareja fue principalmente un comportamiento adolescente y presumiblemente no planificado, hoy en día ya no se limita a esa franja etaria. Las hipótesis más directas que podrían explicar este fenómeno involucran un aumento en la proporción de mujeres sin pareja o una suba en su fecundidad en relación con la fecundidad de otras mujeres, ya sea porque aumenta más o porque disminuye menos.

Hipótesis más elaboradas, específicas para mujeres sin pareja, prevén este aumento como el producto de cambios sociales, económicos y culturales más profundos, como el aumento de la inestabilidad conyugal, una mejor escolarización que conduce a una mayor autonomía femenina, cambios en la fecundidad diferencial en todos los niveles de educación, el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza laboral y cambios en la relación entre participación en la fuerza laboral y maternidad; cualquiera de estas modificaciones puede aumentar la fecundidad de las mujeres que no tienen pareja.

En todos los países, los cambios en la distribución del estado conyugal y en las tasas de fecundidad asociadas con cada estado conyugal contribuyen de manera opuesta al cambio en la fecundidad total. Sin embargo, este patrón aparentemente general oculta situaciones divergentes. Los cambios en la proporción de mujeres sin pareja aumentan la fecundidad en algunos países mientras que en otros la disminuyen; a la inversa, los cambios en las tasas asociadas con cada estado conyugal aumentan la fecundidad en algunos países mientras que en otros la disminuyen. Así, nuestro primer hallazgo es que el aumento general en la proporción de la fecundidad total atribuible a las mujeres sin pareja en los países de América Latina no tiene una explicación única y simple.

Dicho esto, observamos que en todos los países las tasas de fecundidad de las mujeres sin pareja o bien aumentaron o bien disminuyeron menos que las de las mujeres casadas o en cohabitación. Por lo tanto, nuestro segundo hallazgo es que, a pesar del hecho de que los cambios en la distribución del estado conyugal y en las tasas asociadas con cada modalidad de estado conyugal tienen diferentes efectos sobre los cambios en la fecundidad en los distintos países, el diferente ritmo al que disminuye la fecundidad entre las mujeres con y sin pareja desempeña un papel en la proporción creciente de fecundidad total atribuible a mujeres sin pareja.

Los resultados de la descomposición revelan que no hay una sola explicación para los cambios de fecundidad entre las mujeres que no tienen pareja. Ha habido un movimiento general hacia arriba en la distribución del nivel de educación, y en la mayoría de los países las curvas de fecundidad específicas por edad asociadas con cada nivel de educación se han acercado unas a otras, reduciendo las diferencias entre las de alto nivel educativo y las menos formadas.

Sin embargo, estos cambios tienen consecuencias opuestas en diferentes países, por ejemplo en Argentina, donde contribuyen a reducir la fecundidad de las mujeres sin pareja, y en Brasil, donde contribuyen a aumentarla. De manera similar, las variantes en la distribución y los coeficientes del estado civil legal, la relación con el jefe de familia y el estado del mercado laboral tienen efectos diferentes sobre la fecundidad de mujeres sin pareja en los distintos países. Como explicamos anteriormente, estas diferencias pueden interpretarse como producto de distintos contextos específicos de cada país, como la etapa en la transición de fecundidad en la que se encuentra cada país, el ritmo de la generalización de la educación secundaria, el ritmo del aumento de la participación de las mujeres en la fuerza laboral y las diferencias en el nivel y la propagación de la inestabilidad de las uniones.

De una manera más general, podemos decir que en la mayoría de los países la proporción de mujeres en edad reproductiva que no viven con una pareja ha aumentado. Su fecundidad ha subido en algunos países, pero ha disminuido en otros. En los países donde ha disminuido, lo ha hecho a un ritmo más lento que la fecundidad de las mujeres con pareja. Este patrón sugiere que el principal impulsor de la creciente proporción de la fecundidad general atribuible a las mujeres sin pareja es su mayor proporción en la población en lugar de su creciente fecundidad.

El contexto en el que aumenta la proporción de la fecundidad de las mujeres sin pareja puede ayudarnos a comprender por qué se está produciendo ese aumento. El declive general de la fecundidad todavía está en marcha en muchos países de América Latina, y este declive está estrechamente relacionado con la expansión de la educación de las mujeres. Las mujeres que no han completado al menos la educación primaria se están convirtiendo en un grupo marginal, mientras que la proporción de aquellas que completan la educación secundaria o terciaria está aumentando. La fecundidad ha sido y sigue siendo menor entre las mujeres con mayor nivel de educación en la región. Además, la educación proporciona a las mujeres los medios de sustentarse a sí mismas y a sus hijos.

Si bien el principal impulsor de la creciente proporción de la fecundidad general atribuible a las mujeres sin pareja parece ser su mayor proporción entre las mujeres en edad reproductiva, el principal impulsor del cambio en su fecundidad aparentemente son las modificaciones en la edad y la composición educativa de mujeres sin pareja y en las tasas de fecundidad específicas por edad asociadas con cada estrato educativo.

Contrariamente a lo que parecía razonable esperar, el aumento en la proporción de mujeres separadas o divorciadas entre las mujeres sin pareja no parece ser una fuente importante de cambio en su fecundidad. Por lo tanto, al contrario de lo que se esperaba, el aumento de la inestabilidad en las uniones no parece ser una fuente importante del aumento de la proporción de mujeres en la fecundidad en general.

La creciente proporción de la fecundidad atribuible a las mujeres sin pareja sugiere que, a pesar del auge de la cohabitación en la región, la sexualidad y la reproducción de las mujeres están cada vez más desconectadas de la unión conyugal. La maternidad fuera de la unión de pareja ha sido tradicionalmente una cuestión de preocupación política porque tiende a obstaculizar el logro socioeconómico de las madres, particularmente en países que ofrecen poco apoyo institucional para equilibrar las responsabilidades familiares y laborales, y porque se reconoce que la falta de apoyo paterno es un factor importante en la transmisión intergeneracional de desventajas a los niños.

No obstante, como han demostrado estudios anteriores y como confirmamos aquí, una gran proporción de madres solteras en América Latina vive en hogares extendidos, y el apoyo de los parientes puede reducir las desventajas asociadas con la crianza sin pareja.

Nuestro estudio proporciona información relevante sobre las tendencias recientes de la maternidad sin pareja en el empleo y la educación, sobre su contribución creciente a la fecundidad en general y respecto del papel que desempeña la proporción cada vez mayor de mujeres sin pareja en la población, sus características sociodemográficas cambiantes y las tasas de fecundidad cambiantes asociadas. En futuras investigaciones, exploraremos las múltiples vías que conducen a la maternidad sin pareja y si esto es un estado transitorio o de larga duración.