De niño, en las costas de Rocha, Federico Ruíz Santesteban descubrió el “playeo”, la práctica de recorrer la playa sin un rumbo fijo, atento a los tesoros que pudiera encontrar allí. Ahora, como fotógrafo, continúa aquel recorrido y explora distintas técnicas de revelado con agua de mar y de río, que conduzcan a otros hallazgos en las playas de Ciudad de la Costa. Su trabajo fue expuesto en Uruguay, Austria, Portugal, Cuba, Argentina, Perú, Estados Unidos y Angola, y recibió menciones en las ediciones 2018 y 2019 del Premio de Fotografía del Uruguay.

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“Salir a playear” era una expresión usada por los primeros pobladores y antiguos veraneantes de las costas oceánicas uruguayas. Refiere al acto de errabundear al borde del mar con los sentidos bien abiertos, a la espera de los tesoros que puedan aparecer con las mareas, en especial después de las tormentas.

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Crecí practicando esta acción poética desde niño. Un día, casi sin pensarlo, la cámara se sumó a ese flâneur costero. Desde entonces, el momento preciso se transformó en una recompensa tan fantástica como los posibles tesoros que uno se puede encontrar si anda atento y lo acompaña la fortuna del playeo.

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En honor a esa magia, me propongo revelar las cosechas de mis nomadeos marinos con procedimientos fotográficos propios, hechos con agua de mar como uno de los componentes. Las fotos son reveladas con procedimientos propios libres de bicromatos, cianuros y nitrato de plata, componentes usuales en las fórmulas de revelados alternativos. Todas las piezas parten de capturas hechas con celular, y buscan la fusión de la accesibilidad de la fotografía digital y la alquimia de los procedimientos analógicos.

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Vuelvo a la costa del balneario en el que vivo desde mi infancia, acompañado de un laboratorio itinerante, instalado en la propia playa, con el anhelo de celebrar el acto alquímico de la revelación en el lugar donde se gestó esta historia. Así se construye este proyecto circular que celebra al mar, revelado con mar, en el mar.

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Marrón-verde, dulce-salada: las piezas resultantes son tan sorpresivas y variadas como las aguas en las que nacen, como el orden que toman los elementos en esos mismos encuadres. Pactos con la incertidumbre, consecuencias de costas donde se mezclan el río con el océano y que son testigos del encuentro del ser con la inmensidad.

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Nací el Día de las Playas en 1980. A finales de los noventa inicié en simultáneo mi formación en fotografía y arquitectura. Algunos años después, y por diversos factores, entre ellos los altos costos operativos, abandoné las tareas vinculadas al laboratorio analógico tradicional. En 2010 comencé a explorar con procesos alternativos, enfocándome en estrategias sustentables y de bajo costo. Las búsquedas tienen el anhelo de poder recobrar el acto fantástico de revelar imágenes por mis propios medios, explorando el poder fotográfico de diversos materiales que encuentro en el entorno que me rodea. Gran parte de lo que hoy estoy exponiendo es consecuencia de lo vivido en los talleres de fotografía que coordino, espacios en los que encontré cómplices que me han ayudado a potenciar mi principal herramienta de exploración: el ensayo y error.

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