El primer caso de coronavirus en una favela fue confirmado por la Secretaría Municipal de Salud en marzo en una de las mayores comunidades del oeste de Río de Janeiro, Cidade de Deus. Allí, como en otras zonas periféricas, favelas, morros y quebradas de Brasil, las directrices de prevención del Ministerio de Salud para casi 14 millones de brasileños no son fáciles de cumplir. En esos territorios, clasificados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística como “aglomerados subnormais” (categoría que incluye diversos tipos de asentamientos irregulares), los comunicadores populares son fundamentales.

El ahora ex ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, el 30 de marzo en una conferencia de prensa elogió las precauciones adoptadas por las comunidades: “Es muy importante que cada liderazgo de este país proteja a sus comunidades”.

Ante la ausencia de medidas del gobierno federal dirigidas a las favelas, comunicadores de cinco capitales del país —Belém, Salvador, Pernambuco, San Pablo y Río de Janeiro— se organizaron en la lucha contra la pandemia de coronavirus.

En San Pablo, un podcast con lenguaje local

“Pensar la comunicación en las periferias de Brasil es complejo, porque la comprensión del territorio cambia. Cuando estamos en San Pablo vamos a pensar en bolsones de población, en distritos, en aglomeración. Cuando se trata de las favelas de Río de Janeiro es otra situación demográfica, cuando vamos al noreste es otra distinta, y cuando pensamos en la articulación nacional de comunicadores nos enfrentamos a estas complejidades del territorio”, dice Ronaldo Mattos, comunicador y miembro del proyecto Desenrola e Não Me Enrola, que reúne a comunicadores periféricos de la ciudad epicentro de la covid-19.

Con la intención de combatir las noticias falsas, dar consejos de prevención y actualizar las medidas gubernamentales, Mattos se unió a la periodista Gisele Brito, al comunicador Tony Marlon y a los sitios web Periferia em Movimento y Alma Preta. Juntos, comenzaron a producir el podcast Pandemia sem neurose.

“Pensamos en un podcast corto, de dos a tres minutos de duración, al que no tome mucho tiempo acceder, que se cargue con rapidez en el celular, que no ocupe espacio de memoria en el dispositivo y que pueda reproducirse a mayor escala. Esto ha sido muy exitoso. Hemos recibido comentarios de personas mayores, de personas que viven en regiones completamente diferentes, desde la zona sur hasta el extremo de la zona norte”, dice.

Entrada de una estación de tren de Osasco, estado de San Pablo, desinfectada con un producto en espray como medida preventiva contra la propagación del coronavirus. Foto: Nelson Almeida, AFP.
Entrada de una estación de tren de Osasco, estado de San Pablo, desinfectada con un producto en espray como medida preventiva contra la propagación del coronavirus. Foto: Nelson Almeida, AFP.

Hablarle a la periferia y no hablar sobre la periferia es para Mattos una “cuestión estructurante”. “Si no, comunicarse en la quebrada se torna sólo un producto periodístico. No importa si vivís en la quebrada o no. Vas a producir contenido sobre los territorios y es algo que tiene un valor muy fuerte. Sin embargo, si esa información no va a llegar a las manos de quien la necesita, ¿cuál es el valor público de ese reportaje, de ese contenido periodístico? Tiene que servir para la discusión entre los más viejos y también entre los jóvenes, que se van de fiesta porque todavía no entienden la gravedad que esto tiene en cuanto al virus y las posibilidades de contagio, así que hemos estado prestando atención a eso”, explica.

En San Pablo se están llevando a cabo otras acciones en las dos mayores favelas del estado. En Heliópolis, la União de Núcleos e Associações dos Moradores ha estado promoviendo campañas para recolectar alimentos y productos de higiene. También lanzó recientemente una encuesta inédita sobre los impactos del coronavirus en la favela. La investigación se realizó online entre el 27 y el 29 de marzo. En los 653 formularios respondidos, se destaca el problema económico: “De las familias de Heliópolis, 68% ya han experimentado pérdidas en sus ingresos mensuales desde la adopción de las medidas de aislamiento. De ellas, 19% dicen que ya no cuentan con ningún ingreso”.

En Paraisópolis, la Unión de los Residentes estableció comités con líderes vecinales. Según el presidente de la asociación, Gilson Rodrigues, “se identificaron 420 líderes, que se ofrecieron como voluntarios y van a monitorear un promedio de 50 hogares. La idea es cubrir 21.000 hogares y llegar a la población de 100.000 habitantes que tiene la favela”.

Desmontando fake news en las afueras de Belém

Juraci mira fijamente a la cámara. “Decidimos cerrar el camino para reclamar el derecho a tener agua, porque no está llegando, y cuando llega es muy amarilla”, dice este residente del barrio Terra Firme, donde viven 60.000 personas, en las afueras de Belém, estado de Pará. La escena es grabada por la estudiante Izabela Chaves, de 25 años, habitante de la zona y comunicadora popular. El detonante de esa protesta, que fue el 18 de marzo en la Avenida Perimetral, que se cerró con antorchas hechas con palos y restos de muebles y neumáticos encendidos, fueron las noticias sobre el coronavirus. “Estaban preocupados por ir a trabajar, ducharse y hacer las cosas básicas”, dice Chaves acerca de algunos habitantes de la zona que comentaban “sobre este virus” durante la manifestación. Estudiante de cine y audiovisual en la Universidad Federal de Pará, la joven forma parte del colectivo Tela Firme, centrado en la producción audiovisual y la formación de jóvenes de las afueras de Belém.

En Pará, que hasta ahora tiene 32 casos confirmados y 33 sospechosos de covid-19, Tela Firme se ha unido a la coalición Laboratório de Jovens Comunicadores de Periferias de Belém, que se formó de apuro el 22 de marzo con el objetivo de monitorear contenidos oficiales y relevar inquietudes y denuncias de las periferias ante la pandemia. Luchan contra las noticias falsas y generan comunicación de acuerdo con la realidad local.

Voluntarios trabajan en la desinfección de la favela Santa Marta, en Rio de Janeiro. Foto: Mauro Pimentel, AFP.
Voluntarios trabajan en la desinfección de la favela Santa Marta, en Rio de Janeiro. Foto: Mauro Pimentel, AFP.

La profesora Lilia Melo, coordinadora del proyecto Cine Club TF, que es parte de la coalición, destaca la importancia de los comunicadores periféricos en este momento. “Con el asunto del coronavirus, aprovechamos nuestra red para que se pudiera, a través de un lenguaje joven, para el público joven, orientar en cuanto a la prevención y el combate al virus. Nos dimos cuenta de que aquí, en el vecindario, hay algunos jóvenes que todavía son negligentes y desconocen la gravedad del asunto, que dentro de su realidad y de las dificultades que enfrentan terminan ridiculizando algunas recomendaciones del gobierno federal y del estado, que no atienden la realidad de la periferia”, dice Melo, que fue finalista en el Global Teacher Prize 2020 y es considerada la mejor profesora de Brasil (incluso fue reconocida como tal por el Ministerio de Educación y Cultura en 2018). De acuerdo con la docente, este es uno de los motivos de la relevancia de las iniciativas locales de comunicación.

En Recife, carteles traducen el mensaje oficial

El uso del lenguaje fue lo que motivó a la cineasta Yane Mendes, que, a pesar de ser “zero designer”, decidió adaptar las informaciones proporcionadas por el Ministerio de Salud y hacerlas accesibles para los cerca de 2.500 habitantes de la favela Totó, en Recife, Pernambuco. Molesta con lo que ella considera negligencia de los organismos municipales en cuanto al envío de material informativo que esclarezca las medidas de prevención del coronavirus, ella misma fue a buscar los carteles oficiales. Sin embargo, dadas las características técnicas, institucionales y protocolares de los textos, terminó elaborando un comunicado y comenzó a pegarlo junto a los carteles creados por el Departamento de Salud, haciendo una especie de traducción del mensaje institucional. “La idea es transmitir el mensaje directamente, con pocas palabras, aunque sea simple”.

Mendes afirma que la acción de pegar los comunicados valió la pena, porque algunos habitantes de la zona que no la conocían comenzaron a buscarla para conocer las próximas intervenciones. Las personas de otras comunidades también se pusieron en contacto para solicitar el material, haciendo hincapié en la importancia del lenguaje utilizado, que le habla directamente a la población. A partir de esta experiencia, Mendes creó un grupo de Whatsapp con aquellos interesados en construir formas de comunicación para el lugar en que viven. “Me di cuenta de que, en este momento, tengo que comenzar por lo más próximo, que es la comunidad en la que nací. Empecé sola, pero comencé la Rede Tumulto, que es una iniciativa que tengo con dos amigos, porque, aunque la idea es mía, tenemos que entender que se trata del colectivo. Al mismo tiempo, [la acción] se inspiró mucho en el grupo #CoronaNasPeriferias. Ver que otras personas están produciendo en sus favelas emociona mucho”, dice. Se refiere a la campaña en redes y la carta pública en la que decenas de comunicadores de las favelas y las periferias de Brasil cuestionaron que la mayoría de las recomendaciones para evitar el contagio no son adecuadas a la realidad de la gente que vive en los barrios de la periferia.

En las afueras de Salvador se trabaja contra el pánico

La angustia que genera la difusión de noticias falsas sobre el coronavirus también preocupa a Jefferson Borges, publicista, activista social y fundador del portal Nordesteusou. Borges vive en las afueras de Salvador, en el barrio Nordeste de Amaralina. En el momento en que hablaba para este artículo, dividía su atención entre las preguntas y las noticias que la Secretaría Municipal de Salud divulgaba en la televisión local sobre nuevos casos de coronavirus. “La secretaría ahora está relevando los números en los barrios, y el nuestro es el único en la periferia que aún no tiene ningún caso. Cajazeiras, Itapuã y Engomadeira son tres barrios periféricos que tienen un caso cada uno”.

Playa de Copacabana, en Rio de Janeiro. Foto: Carl de Souza, AFP.
Playa de Copacabana, en Rio de Janeiro. Foto: Carl de Souza, AFP.

Borges dice que las noticias falsas asustan a la gente que vive allí y no sabe qué creer. “Por aquí a veces surgen noticias de que alguien murió, entonces tenemos que verificarlas, para no dejar a la comunidad en pánico”, comenta.

En un intento por mitigar el impacto de esas noticias, el colectivo adoptó estrategias y lenguajes de información destinados a aclarar a los habitantes de la zona cuál es la situación real allí. Para esto, los miembros del portal comenzaron a distribuir folletos en algunos puntos de circulación, pidiendo a las personas que eviten las aglomeraciones. El material se enfoca en las medidas de prevención y es distribuido por teléfono celular y también en las calles. Además, un automóvil circula durante cinco horas al día divulgando información.

Río de Janeiro: “Lo que había en Europa también está aquí”

Una comunidad en la que los comunicadores no tuvieron tiempo de luchar contra las noticias falsas es Cidade de Deus, en Río de Janeiro. El 22 de marzo la Secretaría Municipal de Salud confirmó el primer caso de contagio en esta favela, una de las mayores de la zona oeste de la ciudad. Para Ricardo Fernandes, actor y habitante de Cidade de Deus, “después del primer caso confirmado la gente pasó a ser más consciente de que realmente era algo serio, que lo que había en Europa también estaba aquí. Este cambio en el comportamiento de la gente fue muy claro”.

Fernandes forma parte de una reciente iniciativa de unir a habitantes, activistas, profesionales de la salud, colectivos e individuos: el Frente Ciudade de Deus. La acción surgió de la necesidad de reducir los efectos del coronavirus en la comunidad. “Ya había dos colectivos de Ciudade de Deus haciendo una campaña de donación de alimentos, y después creamos el frente para expandir la campaña, ir más allá de la donación y trabajar en la concientización de los habitantes. Pero el máximo objetivo del frente es reducir todos los impactos del coronavirus. Ya nos alcanza con el impacto que tenemos cada día sólo porque somos una favela en Río de Janeiro: violencia, falta de saneamiento básico, falta de clases, falta de agua. Todos estos impactos ya están en nuestra vida diaria; con el coronavirus, todos ellos se potencian”, dice el comunicador y activista.

En otra comunidad, en el Complexo do Alemão, los comunicadores se organizaron para llevar a cabo su propia campaña de concientización. Crearon pancartas y carteles para pegar en los postes, distribuyeron folletos y conversaron mano a mano en las calles para alertar sobre la importancia de prevenir el coronavirus.

A fines de marzo, la Fundación Oswaldo Cruz, una de las más reconocidas instituciones de investigación en salud, a través de Youtube convocó una conferencia de prensa sólo para comunicadores populares de las favelas de Río de Janeiro. Sin embargo, otros estados estuvieron representados. Más de 100 personas participaron en la conferencia enviando preguntas.

Una ong distribuye alimentos entre los habitantes de la favela Cidade de deus, en Rio de Janeiro. Foto: Mauro Pimentel, AFP.
Una ong distribuye alimentos entre los habitantes de la favela Cidade de deus, en Rio de Janeiro. Foto: Mauro Pimentel, AFP.

Este artículo fue publicado originalmente en Agência Pública.